Sale caro el empleo

Muchos adolescentes que trabajan terminan sacrificando su rendimiento escolar
Sale caro el empleo
Maylet Flores estudia en la preparatoria De La Hoya y trabaja con su madre en El Mercado de Los Ángeles.

En una noche típica entre semana, la mayoría de los adolescentes dedica su tiempo a practicar deportes, cenar, hacer las tareas y quizás estudiar un rato. Pero las noches entre semana son distintas para Guadalupe Castro, un estudiante de 16 años de la preparatoria Theodore Roosevelt. Desde que tenía diez años trabaja limpiando pisos y excusados como personal de mantenimiento durante el turno de la noche.

Después de un largo día de clases, de la práctica de tenis y de la banda escolar, Castro llega a su hogar alrededor de las 6 p.m. Ayuda preparando la cena para toda la familia antes de que todos vayan a cumplir con la limpieza programada para la noche, que dura hasta las 9:30 p.m. Si tiene suerte, finalizará sus tareas en el auto de regreso a casa. Si no, lo espera una larga noche hasta terminar con todo.

Muchos adolescentes de Boyle Heights sienten que son responsables de ayudar a sus familias para subsistir, aunque esto afecte su desempeño académico.

Castro trabaja tres veces por semana ayudando a sus padres a limpiar tiendas y otras empresas. La familia comenzó a hacer estas limpiezas como forma de ingreso adicional cuando el horario de trabajo de su padre como sastre se redujo y sus ingresos bajaron a 200 dólares a la semana.

Si bien Castro no pide que se le pague por las horas que trabaja, sus padres le dan 25 dólares por trabajar los domingos. Eso es suficiente para pagar la cuenta de su teléfono celular. Sus padres ganan 1,000 dólares en total por semana, para una familia de cuatro miembros.

Sin pensarlo dos veces, Castro dice que no le importa tener que trabajar y estudiar, porque sabe que sus padres necesitan su ayuda. “Vi que estaban teniendo dificultades, entonces los empecé a ayudar”.

La economía afecta el índice de empleo entre los adolescentes

Las dificultades económicas han causado que haya menos empleos para los adolescentes que en el pasado. Según la Oficina de Estadística Laboral, el índice de desempleo en EEUU de jóvenes entre 16 y 19 años se sitúa actualmente en el 25%, casi el doble respecto del año 2000. En California, los adolescentes se han visto incluso más afectados. Para diciembre de 2012, el índice de desempleo adolescente del estado subió a 35%, un fuerte aumento respecto del 17% registrado en el año 2000.

Castro no solicitó trabajo en tiendas comerciales ni en restaurantes de comida rápida: aprovechó la oportunidad que se presentó. Este es el caso de muchos estudiantes como Castro que salen a trabajar como manera de ayudar a sus familias en dificultades.

El análisis de los datos recolectados por el Instituto de Política Económica indica que en el año 2009, los adolescentes de familias pobres tenían menos probabilidad de encontrar trabajo que sus pares pertenecientes a la clase media.

“El mercado laboral es particularmente difícil para las personas con desventajas. Las personas que provienen de entornos con ingresos bajos y las personas de color tienden a tener peores resultados en el mercado laboral”, explica Algernon Austin, director del Programa sobre Raza, Etnia y Economía del Instituto de Política Económica.

Austin agrega que en las comunidades donde las personas tienen generalmente bajo nivel educativo, el tipo de trabajo que consiguen los adolescentes es probablemente similar al que tendrán cuando sean adultos. Sin embargo, es particularmente difícil para los jóvenes trabajadores encontrar empleo porque “generalmente tienen bajo nivel de aptitud y poca experiencia, lo que los hace menos atractivos desde la perspectiva de los empleadores”.

Pero si bien los estudiantes hacen lo posible para colaborar con sus familias, no son tan cuidadosos con sus compromisos durante el horario escolar.

Castro empezó a trabajar a los 10 años, cuando cursaba la escuela primaria. Pero el trabajo no afectó su desempeño académico hasta la preparatoria, cuando la cantidad de estudio se le hizo difícil de manejar.

“Mi promedio comenzó a bajar porque llegaba a casa cansado, muy cansado, y solo terminaba la mitad de las tareas, y además, mientras intentaba hacer las tareas me quedaba dormido de lo exhausto que estaba”, dice Castro.

Joanna Williams, profesora adjunta de educación de la Universidad de Virginia, analizó los datos previos con otros investigadores sobre el impacto que tiene el trabajo a tiempo parcial en los adolescentes. El estudio de 2011 indicó que los adolescentes tendían a dedicar menos tiempo a las tareas cuanto más horas trabajaran.

“Observamos que los jóvenes que realizaban empeños de alta intensidad durante más de 20 horas semanales a lo largo de un año tenían niveles más altos de abuso de sustancias y de desobediencia en comparación con los jóvenes que no trabajaban o que trabajaban menos horas”, dice.

Los adolescentes encuestados también informaron que se desconcentraban en clase pensando en otras cosas, que tenían expectativas más bajas de lograr un buen rendimiento, que participaban menos en clase y que pasaban de clases difíciles a fáciles para tener un buen desempeño.

La cultura juega un papel en la motivación de los adolescentes para trabajar

Maylet Flores, estudiante del décimo grado de la Escuela Preparatoria Charter Ánimo Óscar de la Hoya se crió viendo cómo sus hermanos ayudaban a su madre sola con el negocio de la familia. Por lo tanto, a los 13 años, cuando se le pidió a Flores que ayudara con las ventas en el puesto de su madre en el mercado de Los Ángeles durante los fines de semana, ese fue un gesto simbólico del traspaso de la responsabilidad de los hermanos mayores.

Admite que a menudo no quiere trabajar porque preferiría dedicar el tiempo a hacer sus tareas y proyectos escolares.

“El estudio es lo que me va a hacer llegar más lejos y quedarme aquí no me va a llevar a ningún lado”, dice mientras permanece sentada rodeada de juguetes a la venta.

Pero Flores comprende lo importante que es su tiempo y su esfuerzo para su familia. Si no diera una mano, su madre debería contratar un empleado, algo que no puede económicamente no puede permitirse.

“Siento que tengo que estar, ayudar a mi madre y colaborar con mi parte”, dice Flores.

Williams, señala que muchos adolescentes de culturas inmigrantes trabajan porque hacen énfasis en las metas colectivas y anteponen las prioridades del grupo.

“Existe una tendencia natural en la que se espera que los jóvenes de otros entornos culturales contribuyan con el bienestar de sus familias”, dice Williams

Castro y Flores dicen que nadie los presiona a que trabajen, pero que sienten que es su obligación. Sus padres, dicen, también comprenden la importancia de la educación y esperan que sus hijos puedan recibir la educación universitaria que ellos no pudieron tener.

“[Mis padres] se sienten orgullosos porque les alivio un poco el estrés”, dice Castro. “No siento que deberían pagarme por ayudarlos. Lo hago porque así lo siento en el corazón”.