Nuevo intento para reforma

Tanto demócratas como republicanos deberan ser flexibles para hacer realidad la ley

Inmigración

Con la radicación en el Senado del proyecto de ley de inmigración por el Grupo de los Ocho ya podemos decir que formalmente comenzó otro esfuerzo para aprobar una reforma integral de nuestro sistema de inmigración. Los ocho senadores, cuatro demócratas —Schumer, Durbin, Menéndez y Bennet— y cuatro republicanos —McCain, Graham, Rubio y Flake—, deben ser felicitados por trabajar juntos para lograr un consenso sobre este importante asunto. El proyecto que han introducido es uno que atiende plenamente todos los aspectos del paradigma migratorio y que ofrece un paso difícil, pero justo, a la ciudadanía para los alrededor de 11 millones de indocumentados en el país.

Seis años ya han transcurrido desde la última vez que se intentó empujar una reforma migratoria. Afortunadamente, el ambiente político actual es uno mucho más positivo para la aprobación de una reforma migratoria que el que prevalecía en el 2007. Esto se debe al diáfano mensaje que los votantes latinos enviaron en las últimas elecciones a ambos partidos. A los republicanos, les dijimos que ya es hora que dejen de obstaculizar una reforma migratoria y que aborden el tema de una manera constructiva, y a los demócratas les dijimos que ya estamos cansados de promesas vacías y que queremos que trabajen con los republicanos de una manera genuina para aprobar una reforma migratoria este año.

Aún así, el camino hacia una reforma integral no es nada fácil y sigue minado por muchos de los formidables obstáculos que estaban presentes hace seis años.

Aunque es cierto que desde noviembre docenas de políticos republicanos y comentaristas conservadores que se oponían a una reforma migratoria se han manifestado públicamente a favor de un que se apruebe este año un proyecto de reforma que incluya una legalización de los indocumentados, todavía queda un puñado de muy vocales e influyentes republicanos como el congresista de Iowa, Steve King, que siguen con la retórica retrógrada de que una reforma migratoria no es otra cosa que una amnistía y que se van a oponer con todas sus fuerzas y con el apoyo del incesante cabildeo de grupos restriccionistas a cualquier proyecto de reforma. Habrá que ver durante el debate cuan debilitados están o si todavía tienen suficiente fuerza para torpedear una reforma.

Por otra parte, es importante que la mayoría de los republicanos en la Cámara apoyen incluir en el proyecto de ley un paso eventual a la ciudadanía para los indocumentados. Sin esto, es posible que no se consigan los votos demócratas necesarios para pasarlo en este cuerpo. Los demócratas insisten, y con razón, que cualquier reforma de inmigración debe permitirle a los indocumentados naturalizarse.

Los republicanos deben darse cuenta que no es saludable para la estabilidad política y la cohesión social del país tener una comunidad de millones de extranjeros a quienes se les niegan los mismos derechos que sus amigos y vecinos.

Los demócratas, por su parte, pudieran sucumbir nuevamente a la tentación de usar el tema de la inmigración para fines políticos. A ellos les encantaría retomar la Cámara de Representantes en las próximas elecciones de mitad de término del 2014. Como hace seis años pudieran públicamente seguir diciendo que están comprometidos con una reforma, pero tras-bastidores emponzoñar el proceso a tal magnitud que no haya forma que los republicanos en consciencia puedan votar a favor de esta. Esperemos que Obama y el liderato demócrata en el Congreso no le hagan caso a aquellos en su partido que solo quieren usar la inmigración como balón político.

De igual manera, es esencial que los demócratas no se dejen dominar por los grupos liberales de cabildeo. Los sindicatos, por ejemplo, se oponen a que se cree un funcional programa de trabajadores temporales. Aunque el AFL-CIO llego a un acuerdo con la Cámara de Comercio para crear un programa de trabajadores extranjeros que fue incluido en el proyecto del Grupo de los Ocho en el Senado, el número de visas que provee es demasiado limitado. Y, si ni hay suficientes visas de trabajo disponibles, los trabajadores seguirán entrando ilegalmente, aún si se intensifican las medidas de seguridad en la frontera.

En la Cámara, los republicanos justamente buscarán expandir el programa de trabajadores temporales. Si los demócratas no demuestran independencia y se dejan dirigir por los sindicatos, muchos de ellos votarán en contra de un proyecto de reforma, poniendo en riesgo que pase en la Cámara.

Además, los demócratas en el Senado deben votarle en contra a la enmienda que los grupos de derechos gay están promoviendo y que pudiera ser presentada por el senador demócrata Pat Leahy de Delaware que permitiría que homosexuales y lesbianas peticionen a sus parejas para entrar al país como inmigrantes de igual que un cónyuge en un matrimonio puede pedir a su pareja. Esta enmienda sería una “píldora venenosa” que acabaría con el consenso que tanto trabajo ha tomado lograr entre ambos partido y garantizaría que el proyecto de reforma no se apruebe.

El jueves el Comité Judicial del Senado comienza formalmente el debate sobre la medida del Grupo de los Ocho. Las próximas semanas nos darán una buena idea de cómo los demócratas y republicanos que apoyan una reforma manejan los difíciles obstáculos políticos que enfrentan.