Secretos del viaje a México

El presidente Obama cambió el énfasis y durante su visita a México ningún funcionario habló con la prensa sobre el tema de la seguridad

Política

La mayor sorpresa que tuvo el presidente Enrique Peña Nieto con el presidente Barack Obama, fue que el esperado reclamo por quitar el libre acceso a las agencias de inteligencia de ese país en la lucha contra las drogas, nunca llegó.

Al contrario, en sus conversaciones Obama dijo lo que repitió en público, que la seguridad de México era responsabilidad de los mexicanos y que cualquier decisión que tomara Peña Nieto, la respaldaría. ¿Qué sucedió?

Si la posición mexicana tuvo un cambio radical, la estadounidense también. Los cables que llegaron a Washington durante las primeras semanas del nuevo gobierno reflejaban gran escepticismo sobre el gabinete de Peña Nieto, ante, según una descripción de esos informes, el regreso de personas que cargaban muchos lastres. La ausencia de una política de contención criminal y el relevo de responsables en las áreas de inteligencia más sensible por elementos sin controles de calidad, elevaron la alarma, que abrió la temporada de caza contra el gobierno mexicano.

El clímax fue en vísperas de la visita de Obama a México, al tener las agencias de seguridad estadounidenses un día de campo en The Washington Post, The New York Times y Los Angeles Times, a quienes les dieron abundante información sobre la profundidad de la colaboración con el gobierno de Felipe Calderón. Al ser la utilización de la prensa como instrumento de presión previa a una visita de alto nivel un patrón sistemático conocido, esperaban el reclamo. Al recibir el apoyo de Obama obliga a replantear qué es lo que está sucediendo en Estados Unidos.

El cambio fue notado este sábado en el Times de Nueva York, que recuerda los discursos de Obama y del procurador general Eric Holder en 2009, sobre el enfoque criminal al narcotráfico, por ser una amenaza para su seguridad nacional. Lo que ha pasado desapercibido es el giro presupuestal que hizo Obama el año pasado para apoyar un cambio de doctrina en la lucha contra el narcotráfico en Estados Unidos, de la criminal impuesta por el presidente Richard Nixon, a la prevención, que lo lleva a ser más consecuente con la estrategia de Peña Nieto que con la de Calderón.

¿Qué pasa en Washington, tan comprometido con la guerra contra las drogas en el sexenio pasado? La guerra fue una idea conceptual de la DEA donde participaron todos los servicios de inteligencia. Obama cambió el énfasis y durante su visita a México ningún funcionario habló con la prensa sobre el tema de la seguridad. ¿Por qué?

No hay nada claro, salvo el posible reflejo de tensiones internas entre las agencias de inteligencia, y la sospecha que algunas actúan fuera de control. Un ejemplo es el episodio de los agentes de la CIA en Tres Marías, donde detrás de la participación de policías federales mexicanos se escondió el choque entre la CIA y la DEA, al grado que algunos de los agentes de esta sugirieron que sus colegas realizaban operaciones de “rendición”, el secuestro como método para combatir el terrorismo. Otro ejemplo es la crítica –y próxima investigación- a la DEA porque varios de sus testigos protegidos aportaron información de mala calidad para respaldar decisiones políticas en el gobierno de Calderón.

Una posibilidad adicional, inscrita en el contexto del plan geoestratégico trazado por los presidentes en esta visita, es la necesidad de eliminar las tensiones con México para que juntos combatan, por medio de la economía, el problema del narcotráfico en América Central, que es la mayor amenaza para sus gobiernos y para la creación de un bloque comercial sólido para competir con Asia, donde Estados Unidos jugará su supremacía. Si fuera este el caso, salirse operativamente de México es más barato a cambio de lograr, después de casi un año y medio de presiones, que México colabore con Washington en la lucha contra el crimen en aquella región por la noble vía del desarrollo y la prosperidad en toda esa zona. Pero esto será sólo un juego de escenarios mientras los secretos en la Casa Blanca no comiencen a ser divulgados. En todo caso, el presidente Peña Nieto no puede bajar la guardia. Las presiones desde Washington, no cesarán.