Crítica de cine: ‘The Great Gatsby’ desata pasión y energía visual

'The Great Gatsby' aprovecha el clásico de F. Scott Fitzgerald para adentrar al espectador a un mundo visual exuberante, fascinante y seductor. El director Bazz Luhrmann ('Moulin Rouge') dirige a un sensacional Leonardo DiCaprio, secundado por Tobey Maguire y Carey Mulligan
Crítica de cine: ‘The Great Gatsby’ desata pasión y energía visual
Leonardo DiCaprio da vida a Jay Gatsby en el filme de Baz Luhrmann que se estrena hoy.
Foto: Warner Bros.

The Great Gatsby no es un filme para cínicos. Ni tampoco para aquellos que creen que el cine debe limitarse a una narrativa convencional o específica para un proyecto.

Por ejemplo, muchos se cuestionan que esta nueva versión de la novela de F. Scott Fitzgerald sea en tres dimensiones. Los hay que dudan del atrevimiento visual de Baz Luhrmann, quien va mucho más allá de su desafío estilístico ya evidente en títulos como Romeo + Juliet y Moulin Rouge. También existe aprehensión a la selección musical, liderada por Jay-Z y con temas interpretados por Lana del Rey, Florence and the Machine o Beyoncé. Y qué decir del reparto, encabezado por un estelar y carismático Leonardo DiCaprio, secundado por un omnipresente Tobey Maguire y una exquisita Carey Mulligan.

Para todos los que están dudando de si deben ir a ver —o no— The Great Gatbsy —que llega hoy y ha sido clasificada PG-13—, ahí va mi consejo: corran al primer cine que la proyecte y entre en un mundo nunca visto, opulento y decadente, fascinante y seductor, encantador y perturbador. En definitiva, el mundo de Baz Luhrmann.

Nick Carraway (Maguire) empieza a contar la historia del misterioso millonario Jay Gatsby (DiCaprio), su vecino en el Long Island de finales de los años 20s.

Carraway vive en una pequeña cabaña justo al lado de la mansión de Gatsby, quien organiza fiestas decadentes y asistidas por centenares de neoyorquinos.

Pero al magnate —de cuya vida y origen de la fortuna poco se sabe— sólo le interesa una persona: Daisy Buchanan (Mulligan), que reside al otro lado de la bahía y con la que años atrás mantuvo una relación.

Ahora, ésta está casada con Tom Buchanan (Joel Edgerton)… aunque eso no será un obstáculo para reiniciar su amistad con Gatsby. Carraway será el encargado de reunirlos.

Hay tantos elementos y momentos mágicos en The Great Gatsby, que es difícil enumerarlos: como esa primera sobrecogedora imagen en la penumbra de Gatsby, observando desde su muelle la mansión de Daisy; la extraordinaria recreación del Nueva York de los años 20 (creada en estudio en Australia y beneficiada de unos elegantes efectos visuales); la agilidad de la cámara de Luhrmann recorriendo calles de Manhattan o la mansión protagonista; la emotiva partitura original del compositor Craig Armstrong, colaborador habitual del cineasta; el sofisticado trabajo de diseño de producción y vestuario, supervisado por Catherine Martin, la esposa de Luhrmann; el encantador reencuentro de Gatsby y Daisy en la cabaña de Carraway; el giro dramático de su tercio final…

Todo ello, y más, encaja a la perfección, funciona con pasión arrebatadora, gracias no sólo a la extraordinaria labor tras las cámaras de Baz Luhrmann, sino también por la presencia de todos los actores protagonistas.

Pero es Leonardo DiCaprio quien emerge como la auténtica estrella que es: rara vez en los últimos años se ha podido contemplar una presencia carismática y estelar como la suya. Cuando, por primera vez, Carraway lo ve cara a cara, el giro de la estrella de Titanic y su pícara sonrisa convierten el momento en un instante de puro cine clásico.

Quizás se tarde años en apreciar los valores cinematográficos de The Great Gatsby y su función revolucionaria dentro del séptimo arte. No debería ser así.

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