Indocumentados están arraigados en Los Ángeles

Con papeles sería más fácil cumplir el sueño americano, dicen los jornaleros
Indocumentados están arraigados en Los Ángeles
'Es tiempo que haya una reforma migratoria' rezaba el letrero que cargaba un inmigrante durante la marcha del 1 de mayo.
Foto: La Opinion. Ciro Cesar

Los indocumentados que radican en el condado de Los Ángeles son los inmigrantes más arraigados a este país con un promedio de 10 años de estadía y son padres o madres de casi 400 mil niños nacidos en Estados Unidos, señala un reciente estudio de la Universidad del Sur de California (USC).

Elaborado por el Centro para Estudios de Integración de Inmigrantes (CSII) de la USC, el informe dado a conocer esta semana indica que en Los Ángeles el 14% de los indocumentados trabajan por cuenta propia o tienen alguna especie de negocio.

El condado de Los Ángeles es la región donde más indocumentados hay en el país con cerca de 900 mil, lo que representa al 9% de la población.

El reporte destaca que unos 480 mil niños del condado de Los Ángeles (el 20% de la población infantil) tienen a su mamá o a su papá en el estatus de indocumentado, aunque el 83% (398 mil) de los chamacos son ciudadanos.

Los inmigrantes, cuando están naturalizados, son más propensos a invertir y adquirir vivienda, indica el reporte de USC, ya que el 64% de ellos están comprando o son dueños de casa.

Por ello el estudio recalca la necesidad de una reforma migratoria que legalice a los indocumentados, los cuales vendrían a estabilizar la economía del estado.

Así lo ven no sólo los expertos en economía, sino los propios trabajadores indocumentados que al llegar a este país soñaban con poner un changarro, comprar una casa y su buen carro, y darse la buena vida; sueños que se han visto truncados por no tener papeles.

“Con documentos, los inmigrantes podrían conseguir mejores trabajos, tendrían mejores ingresos y gastarían más dinero, pagarían más impuestos, se comprarían mejores carros, porque ahorita no les conviene traer un buen carro porque se los decomisan por no tener licencia, obtendrían [seguro], llevarían a su familia de paseo, se integrarían más a la actividad cívica y cultural del país”, mencionó Pablo Alvarado, director de la Red Nacional de Jornaleros (NDLON).

Entrevistados en un centro de jornaleros de Cypress Park, tres de ellos reafirman lo que el estudio de USC plantea.

Leonsio Martínez tiene 48 años de edad y una ganas enormes de viajar al Estado de México, donde hace siete años dejó a su esposa y a sus cinco hijos en busca de los dólares que en el norte le decían se ganaban a montones.

“Pero si no tienes papeles es muy difícil”, cuenta Leonsio, quien en su tierra era fierrero de la construcción. “De otra forma podría aplicar para un mejor trabajo, ya sería una ventaja, ahí se gana más y ya podría pagar mis biles, mandar dinero a mis hijos”.

Actualmente este jornalero tiene que pedir prestado para poder saldar sus gastos mensuales de renta, comida y teléfono, herramienta indispensable para poder conseguir chamba.

“Mis gastos son como de 500 dólares al mes, pero aquí a veces ando ganando sólo uos 300, o sea que gano menos de lo que ocupo, pero como mi mamá me ayuda con la comida, pues ahí la llevo”, comentó.

“Si nos dieran papeles”, agregó, “ya uno tendría trabajo estable, sería una situación donde todos ganaríamos”.

Cada que va a la “marketa” a comprar un refresco, una lata de frijol, tortillas o lo que sea, se pagan impuestos, dice Próspero De León, inmigrante guatemalteco que ya lleva 31 años de sus 63 de edad, viviendo como indocumentado en Estados Unidos.

“En lo mínimo que compres te quitan taxes, yo durante muchos años trabajé pagando impuestos con otro Seguro Social y nunca recibí un reembolso, ahora ya tengo mi ITIN y como muchos compañeros pago mis impuestos a tiempo”, aseguró.

Cuando salió de su país en 1982, De León tenía la idea de ahorrar un buen dinero para poner una tienda de ropa típica de Guatemala, pero el sueño se le frustró por no tener papeles.

“Este es un país de biznes (negocios), el dinero que uno gana se gasta y se reproduce, si uno tuviera sus papeles podría hacer mucho más cosas, porque podríamos conseguir mejor trabajo, como para comprar una casa o un mejor auto, porque no vale la pena si la policía nos acosa y nos lo quita”, mencionó.

En 1985, cuando tenía 22 años de edad, salió de Acapulco, México, con la idea de hacer harto dinero en los “Yunaites”, poner un negocio, comprar casa, un carrazo, pasear y darse la buena vida, en pocas palabras, para vivir el sueño americano.

Pero a Raúl Mendoza, quien ya tiene 50 años, la falta de papeles le obstaculizó su plan de vida y pasa los días con la angustia de no tener un trabajo fijo para sobrevivir.

“La cosa hubiera sido diferente con papeles”, comenta nostálgico. “Si nos diera los papeles pues entonces sí ya podría conseguir una licencia de contratista y sacar adelante la cooperativa de jardineros que tenemos”.

Mendoza se refiere a un grupo de jardineros organizados, donde sólo el 2% tiene documentos migratorios, y con la cual dice podrían hacer inversión en herramientas y proyectos para establecer un negocio estable.

“Aunque a mi siempre me ha gustado esto de ser jornalero, porque uno aprende varios oficios y no es tedioso”, dice mientras se dispone a leer la novela Ángeles fugaces, de Tracy Chevalier. “Eso sí, con papeles no cabe duda que habría mejores oportunidades de empleo, y así todos nos beneficiaríamos”.

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