Un primer triunfo

Los senadores republicanos deben enviar una señal a la Cámara Baja respaldando el acuerdo bipartidista

Inmigración

La reciente aprobación por el Comité Judicial del Senado del proyecto de reforma migratoria es un paso importante hacia la aprobación final de dicho proyecto por la Cámara Alta. Los miembros de la llamada “pandilla de los ocho” en el comité —los senadores Durbin, Flake, Graham y Shumer— fueron muy disciplinados y se aseguraron de que no se aprobaran ningunas “píldoras venenosas”, aquellas enmiendas que pudieran descarrilar el proyecto de ley.

El senador Schumer, por ejemplo, hizo clara su posición de que votaría en contra de una controvertible enmienda que quería someter a votación el senador demócrata Pat Leahy para permitir que los homosexuales puedan traer como inmigrantes del extranjero a sus parejas, de igual manera que un esposo o esposa puede hacerlo con su cónyuge bajo la ley actual. Aunque, Schumer estaba acuerdo con la sustancia de la enmienda, entendía correctamente que si se aprobaba, los republicanos le retirarían su apoyo al proyecto, acabando con las posibilidades de que el Senado pase una ley de reforma. Sin el voto de Schumer y de la senadora demócrata Feinstein, que también se oponía a la inclusión de esta enmienda, esta no contaba con suficientes votos en el Comité para ser aprobada. Ante esta situación, el senador Leahy optó por no presentar la enmienda a votación.

Por otra parte, las enmiendas que se aprobaron alteraron solo levemente el proyecto, no poniendo en riesgo el consenso alcanzado por los ocho senadores que confeccionaron el proyecto. Así, por ejemplo, para conseguir el voto del senador republicano Orrin Hatch, se aprobó una enmienda de este para simplificar el proceso para solicitar visas de trabajo para profesionales extranjeros con grados avanzados en ciencias e ingeniería.

El proceso de “mark-up” o consideración de enmiendas por el comité fue muy abierto y transparente, permitiendo que todos los senadores de ambos bandos se expresaran sobre el proyecto. Al final del día, se consideraron más de doscientas enmiendas.

El tener un proceso regular y abierto es importante para crear un ambiente político positivo que incentive la colaboración bipartidista y que no haga sentir a nadie sentirse excluido. Una de las principales razones que llevó a que el proyecto de reforma del 2007, así como el Dream Act que se consideró en el 2010, no prosperaran fue la insistencia del líder de la mayoría, Harry Reid, de tratar de obligar a los republicanos a votar por estos proyectos sin que haya habido suficiente tiempo para debate. En el caso del Dream Act ni les dejó presentar enmiendas. Obviamente, estas fueron maniobras procesales maquiavélicas para garantizar que los republicanos votaran en contra de estas medidas y así tratar de hacer el argumento político de que estos son anti-hispanos.

Gracias a Dios, el ambiente político ha cambiado. Tanto así, que ya el líder de la minoría Mitch McConnell, satisfecho con el proceso legislativo hasta el momento, ha dicho que los republicanos no se opondrán a que se lleve el proyecto de reforma al pleno del Senado para discusión y votación.

El senador Reid podría llevar el proyecto al pleno tan temprano como la primera semana de junio. Es importante que, como ocurrió en el Comité Judicial, Reid permita que se dé un debate amplio y que se les deje presentar a los miembros de ambos partidos todas las enmiendas que quieran. En el pleno es mucho más difícil que se apruebe una “píldora venenosa” que acabe con el proyecto.

Estimo que ya hay más de sesenta votos a favor del proyecto. El número de 60 votos es clave pues se necesita este número para impedir un “filibuster”, el procedimiento en el Senado que permite a un solo senador controlar el pleno para aplazar o impedir la consideración de una medida. También se necesitan 60 votos para cerrar el debate y proceder a la votación.

Me parece que de los 55 demócratas en el Senado, hasta 50 ya están dispuestos a votar a favor del proyecto. De tres a cinco senadores demócratas, como Max Baucus y Jon Tester de Montana, Mark Pryor de Arkansas, Heidi Heitkamp de Dakota del Norte, y Mark Begich de Alaska, que representan estados muy conservadores, pudieran votar en contra.

En cuanto a los republicanos, creo que, ya hay por lo menos diez votos a favor. Además de los cuatro republicanos de la pandilla de los ocho, creo que es muy posible que los siguientes senadores republicanos voten a favor: Lisa Murkowski (Alaska), Susan Collins (Maine), Rob Portman (Ohio), Mark Kirk (Illinois), Kelly Ayotte (New Hampshire), y Dean Heller (Nevada).

Sería muy positivo, sin embargo, que más republicanos —hasta más de veinte— voten a favor. Eso enviaría un mensaje contundente a los republicanos de la Cámara a que actúen con premura para aprobar una reforma migratoria.

Que no quepa duda: la aprobación del Comité Judicial del proyecto bipartidista de inmigración es un primer triunfo muy significativo en el largo camino hacia la aprobación final e implantación de una reforma integral. Para finales de junio, esperemos que el pleno del Senado pase el proyecto.