Las facetas de la migración

Será difícil aprobar una reforma que tome en cuenta las distintas situaciones en que se hallan los indocumentados

Burbujas

Mañana es “Memorial Day”. Desde estas líneas, con todo respeto, les envío mi más sentido pésame a todos aquellos que han perdido algún familiar en las recientes guerras. Al visitar alguno de los panteones militares impresionan las largas filas de tumbas en donde están los que dieron lo más importante a su patria, su vida, su juventud que solo Dios sabe a donde pudiera haber llegado si no se hubiera perdido en esos conflictos.

Memorial Day, aunque no se trabaje, no es un día de fiesta, es un día de luto. Es un día para pensar en lo mucho que tenemos los que aún estamos aquí al compararnos con esos millones de jóvenes que se fueron, y es un día para solidarizarnos con los sentimientos de sus familias.

Las últimas noticias respecto a la reforma migratoria han llenado de euforia a muchas personas, pero la verdad es que en el Senado lo único que se hizo fue reconocer que hay un problema aunque nadie sabe hasta este momento qué y cómo hacer para atacarlo y corregir la situación.

Comencemos por el principio: aunque hay indocumentados de todas las nacionalidades, el problema a resolver es qué hacer con los indocumentados latinoamericanos.

Entendemos por latinoamericanos aquellos de cualquier raza que tienen su origen en ese inmenso territorio que va desde el estrecho de Magallanes hasta la frontera con Estados Unidos.

Algunos de esos países, por mil razones distintas, han tenido emigraciones de diversos grupos yendo a diferentes destinos. Pero es lógico pensar que si el lugar a emigrar son los Estados Unidos, las migraciones más importantes sean de los países más cercanos.

Los latinos en Estados Unidos ni son todos inmigrantes, ni son todos indocumentados. En estos territorios había habitantes “latinos” desde antes de que pasaran a ser parte de los Estados Unidos. Además de los anteriores, hay millones de latinos inmigrados con estadía legal, y mucho de ellos que adoptaron la ciudadanía estadounidense, pese a lo cual, para muchos efectos, siguen siendo contados en el grupo de los “latinos” cuando de hecho son tan estadounidenses como cualquier otro.

Vamos a suponer que dividimos a los latinos que están aquí en dos grupos. U no, el de los que acabamos de mencionar y dos, todos aquellos que inmigraron en forma ilegal, sin los documentos apropiados.

Este último grupo tampoco es un bloque consistente pues contiene a los que han llegado al país desde hace 25 años hasta los que recientemente siguen cruzando la frontera.

Muchos de estos inmigrantes han creado familias aquí y tienen hijos estadounidenses cuyo problema hay que resolver antes que cualquier otro: son hijos de padres deportables, lo que es un absurdo.

Cada uno de estos grupos latinos que he mencionado tiene problemas básicos que nada tiene que ver con la política y, que sin querer jerarquizarlos, son: empleos, seguridad, y educación para sus hijos. Este último es importantísimo para quitarle a los latinos el sello de que estamos aquí tan solo para hacer los trabajos que otros no quieren hacer, y que somos parte de un grupo de nivel social inferior.

Si vemos todas estas distintas facetas, se entenderá el terrible problema que es encontrar una reforma migratoria de tipo generalizada, cosa que pese a todo lo que se diga, va a ser casi imposible de lograr.

Se habla de hacer un censo para saber con precisión cuantos indocumentados hay, pero se olvida que muchos de ellos se van a ocultar del censo pensando que es una medida más para saber dónde encontrarlos en caso de que se pretenda deportarlos.

Otra de las medidas a tomar es el análisis del que se habla en el Congreso para definir quiénes pueden hacer una solicitud para quedarse y quienes tendrán que irse.

Un censo de ese tipo y un análisis como el que se pretende, llevaría muchos años.

Pensar en una amnistía general es absurdo. No la habrá.

Si lo que estoy explicando parece razonable, habría que ir ajustando las acciones de tipo político y social de estos indocumentados para lograr lo más importante para ellos, un permiso de trabajo para aquellos que tengan una familia formada aquí, que tengan hijos estadounidenses que estén yendo a la escuela, y que tengan antecedentes limpios.

No tengo idea cuantos puedan ser, pero yo empezaría por ellos porque son los más integrados al ‘sueño americano” del que sería abusivo despertarlos cuando han aportado años de su vida a formar parte de esta sociedad.

Otro grupo que urge regularizar es el de todos esos inmigrantes indocumentados que fueron traídos de niños a este país y que, por lo mismo, nos son responsable de haber venido ni de la forma en que lo hicieron, pero que han crecido aquí, se han educado aquí, y no conocen otro país sino este como suyo.

Si cualquiera de estos caminos conduce a la ciudadanía o no, es secundario en este momento, en que hay que asegurarles a los que yo menciono aquí su derecho ganado a permanecer en este país.

Pensar que los que van llegando pudieran recibir el mismo trato es engañarnos solos.

Cada persona que vive en este país, aunque sea indocumentado, es un ser humano, y como tal, merece que las medidas que se tomen lo consideren así. Lo demás es politiquería