Vallarta y Tequila: casi el paraíso

Una aerolínea abrió nueva ruta desde Oakland a Guadalajara, y de ahí, a nuevas aventuras...

Guía de Regalos

Vallarta y Tequila: casi el paraíso
Turistas posan para la foto en el malecón de Puerto Vallarta.
Foto: Ricardo Ibarra / El Mensajero

GUADALAJARA, Jalisco.— La encendida carretera que lleva a las olas tibias de Puerto Vallarta nos obliga a doblar con rumbo a Tequila, tierra del líquido espirituoso que da nombre al pueblo.

Ni el aire acondicionado de la camioneta donde viajamos alcanza a refrescarnos la boca reseca. El paisaje agavero parece vibrar en el horizonte con los vapores de la planta que desde épocas prehispánicas hidrató a nativos. Y ahora a nosotros, viajeros que partimos desde la capital del estado de Jalisco hasta las costas del Pacífico mexicano.

Nos reciben varias tequileras. Vamos como representantes de medios comunicativos del Norte de California, y todos quieren invitar la copa: Sauza, La Fortaleza, La Cofradía… Abiertas sus puertas, abrimos garganta.

Era de día en Tequila, cuando de pronto aparecen las estrellas brillantes en la oscura atmósfera marina de Puerto Vallarta. Así, de un momento a otro, nos sentimos como peces en el agua, entre palmeras, murciélagos y el infinito sonido del mar abatiendo la arena con dulzura exquisita.

Nos recibe el personal de Velas Vallarta, un lujo merecido para nuestros huesos hartos de andar. A partir de ahí continuaron visitas a hoteles cinco estrellas, jardines botánicos, excursión en el barco pirata Marigalante; un paseo por el renovado malecón de Vallarta, donde el peatón ya no tiene aquella precaución de esquivar coches y camiones mientras deambula de bar en bar.

En La Leche, el chef Ignacio Cadena nos recibió con un inesperado festín sensorial que alcanzaba los ojos, el tacto, y por supuesto, todas las zonas de la lengua. Una buena compañía hace la experiencia aún más placentera.

La aerolínea Volaris recién abrió la ruta Oakland-Guadalajara, y de vuelta, para quien quiera encontrar en Tequila y Vallarta casi el paraíso. Casi, porque nada en la vida es eterno, aunque el recuerdo sí sea perdurable.

El viaje continuará…