Bell tiene en Violeta Álvarez, una alcaldesa singular

Violeta Álvarez no tiene experiencia en cargos públicos pero sí una voluntad enorme hacia sus conciudadanos de Bell

Violeta Álvarez en su despacho en la ciudad de Bell.
Violeta Álvarez en su despacho en la ciudad de Bell.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

Violeta Álvarez confiesa que la primera vez que recibió una “enciclopedia” con los temas a discutir en la reunión del Concejo de Bell, al cual fue electa en 2011, se encerró en el baño de su casa a llorar.

“No tenía ni idea si le tenía que echar chile, limón o sal” a la agenda, dice Álvarez, quien ahora recuerda su entrada a la política como una anécdota graciosa, de las muchas que tiene en su repertorio.

“Esto ha sido como que me han subido a la montaña rusa y no he parado, estoy bien agarrada como ‘chango en bicicleta’, hasta con las uñas, así he ido”, explica esta mujer que desde abril combina sus obligaciones de ama de casa con las de alcaldesa de la ciudad de Bell.

Originaria de Ciudad de México, Álvarez forma parte de la nueva generación de funcionarios electos que entraron a ese ayuntamiento tras el escándalo de corrupción que involucró a su entonces alcalde, concejales y administradores. Casi todos tienen procesos legales pendientes.

Por eso, después de la destitución de sus predecesores, ella y sus cuatro colegas asumieron el cargo “en blanco”, sin haber recibido siquiera un entrenamiento para conducir las reuniones del Cabildo, justo en un período en que muchos pusieron la lupa sobre ese cuerpo legislativo.

“Me aventaron a los toros de Pamplona”, comenta Álvarez, de 47 años y residente de Bell desde 1979, con el humor que la caracteriza.

Estar al frente de un municipio de 37,000 habitantes, de los cuales el 91% es latino, y con el reto de reinventar la transparencia en su desempeño, no ha sido nada fácil. Ella acepta con jovialidad que debió tener “un poco de locura” para atreverse a sujetar por los cuernos a un toro de ese tamaño.

“Ya nos dejamos de escándalos y estamos trabajando para que la ciudad vaya al frente, pasitos a veces muy pequeños, a veces muy grandes, pero no hemos dejado de tener una caminata”, comenta sobre lo hecho para reducir los efectos de la corrupción que siguen golpeando las finanzas del municipio.

En su casa, no obstante, ha tenido que resolver otro problema relacionado con su trabajo legislativo: su sueldo es más bajo del que recibía como trabajadora social del condado de Los Ángeles (ella es egresada de la carrera de Psicología de la universidad Vanguard). Ahora gana $643 al mes. Tuvo que jubilarse de su anterior empleo —aprovechando sus 21 años de servicio— para dedicarse “en cuerpo y alma” al Concejo, pero le faltan ocho años para poder recibir una pensión económica.

“Me tengo que apretar mucho más el cinturón”, dice desde su casa, localizada en la avenida Otis y donde ha vivido por casi 20 años. Desde su humilde cocina, ella comparte sus sueños: brindarle un mejor futuro a sus hijos, ayudar a su comunidad y algún día vivir en las playas de Acapulco, México.

Hasta los 14 años, Violeta Álvarez vivió en la delegación Iztapalapa, de la Ciudad de México. Ahí, como muchos chilangos, creció añorando el mar, tan ajeno a su entorno. En ese lugar también cultivó sus primeras amistades, muchas de las cuales conserva hasta hoy. Allá le han preguntado qué le motivó para entrar a la política de la tristemente célebre ciudad de Bell.

“Oye, Violeta, ¿y cómo te metiste a eso?”, recuerda las palabras de sus conocidos del DF. “Cuando tenía 14 años me preguntabas cómo me llamaba y me metía debajo de la mesa, era sumamente tímida. Yo no sé si un rayo me pegó”, dice.

Pero hoy, después de rentar la sala de una casa, tener solo un par de zapatos y trabajar limpiando cristales por el pago de un centavo por pieza, ha entrevistado a los candidatos a los cargos más altos de la ciudad, se encargó de distribuir un presupuesto de casi 12 millones de dólares y es la única electa con oficina propia (que aún no acaba de remodelar).

La alcaldesa, cuyo mandato será de apenas de un año, asegura que por el momento no aspira a otro cargo público pues sólo quiere servir a sus constituyentes hasta el final de su período, en el año 2015. Dice que vive como los alcohólicos anónimos: “un día a la vez”.

¿Para cuándo espera que la ciudad de Bell se libere de todos sus problemas?, se le cuestiona.

“Me estás preguntando cuáles son los números de la lotería”, responde y ríe. “No sé, no te podría dar una fecha, pero ya estamos más cerca que hace dos años”, señala.