El Papa futbolista

Papeles

Papa Francisco: Le informo que reciente chanza balompédica suya ha provocado un cisma en casa. Todo iba bien hasta que usted cometió el pecado mortal de burlarse del equipo Boca Juniors, de Argentina, porque perdió 3-0 con San Lorenzo de Almagro, el equipo de sus entretelas.

Seguramente, el día que se equivocó en materia tan grave, el Espíritu Santo, su consueta en asuntos terrenales, había tomado compensatorio. Solo así se entiende que haya metido las de caminar. Me refiero a las sandalias rojas de pobre que usa en lugar de los exclusivos mocasines rojos de sus antecesores.

Si digo que “todo iba bien” es por esto: nuestro yerno, J, es de la tribu de Leví. Lo teníamos a tres rosarios y dos jaculatorias de reclutarlo para la tribu de Jesús, en su variante católica. (Le cuento que en Colombia se nace liberal o conservador, católico o católico. Aunque ahora el menú religioso es más variado, felizmente).

Antes que cualquier cosa, J es hincha furioso del Boca de su Buenos Aires querido. Cuando su equipo pierde, devuelve hasta la primera hamburguesa. Derrotan a su equipo y se niega a dar plata para el tetero de Sofía Mo, nuestra nieta, se le afloja el buche, casi exige el divorcio. Por poco se vuelve ateo.

Comprenderá ahora por qué el hombre se salió de sus dioptrías cuando conoció el video en que usted, en un paseíllo por la Plaza de San Pedro seguido por detectives estresados, al ver entre los presentes a un grupo de hinchas del San Lorenzo, hizo alusión a la goleada (http://goo.gl/vUFSS)

“El hombre que revolucionó el Vaticano me ha ofendido en el fondo del alma”, nos escribió el yanqui J.

Ahí fue Troya porque el caballero notificó, “urbi et orbi”, que reculaba y se abstenía de engrosar las filas de la fe católica en la que uno nace y ya está sobregirado: debe el pecado original, el menos original de todos.

Papa Francisco, no puedo hablar ex cátedra —manjar reservado a los sumos pontífices— pero le recuerdo que Dios es imparcial, no interviene en política, ni en religión, tampoco juega fútbol —un deporte que detestaba su paisano Borges, “el último delicado”- y por ello está mal que su representante en la tierra, o sea, su gaucha persona, haga alarde de su idolatría por el equipo San Lorenzo, un santo al que sus verdugos asaron en una parrilla, como si fuera un churrasco argentino.

Resumamos, Santidad: si desea tener un feligrés judío en su cuerda religiosa, rectifique, por favor. O pídale a Santa Laura, la santa colombiana que acaba de subir a los altares, el milagro de traer de nuevo al yerno al redil católico. Yo le haré la misma petición a Santa Rita de Cassia, abogada de imposibles.

Pidamos para que en el milagro se incluya a su hija Sofía Mo, quien a su edad (nueve meses), y en solidaridad con su taita, se insinúa como una audaz librepensadora a juzgar por la forma de tomar tetero. Y como una escéptica, como su tío Juancho, por la forma como empezó a gatear. Papa Francisco, el balón teológico está en sus predios.