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El sueño gigante de un MVP

Roberto Ramos, oriundo de Sonora, un titán de 6' 5" es el slugger de la San Fernando High School

Roberto Ramos

Roberto Ramos Crédito: <copyrite> La Opinión - </copyrite><person>FOTO: JAIRO GIRALDO< / person>

La ilusión en la tarde del Dodger Stadium viste de aurinegro y de albirrojo, y en la caras de un grupo de adolescentes que visten de jugador de beisbol se adivina la tensión de la competencia y los nervios del desafío.

Y entre ellos, Roberto Ramos, un gigante nacido en Hermosilo, Sonora, se roba las miradas camino de la primera base, mientras entre el público, sus padres Verónica y Roberto, traen en la cara un gesto que entre confiado y solidario, cuenta toda una historia.

“Juego beisbol desde niño”, dice Roberto. “Mi padre me inició y siempre me ha apoyado. Luego desde que llegué a Los Ángeles, entré a la escuela y en la Academia de Reggie Smith me han ayudado para llegar a destacarme”.

Así habla el cuarto bate de los Tigers, nombre de batalla de la escuela y que en esta campaña con 34 juegos en el calendario ya batea para .410, con 40 carreras remolcadas y 11 batazos de vuelta completa.

Las fanaticadas febriles de Cavaliers de Cleveland y Tigers de San Fernando, compiten por romperse la garganta apoyando a sus equipos sobre todo después que en la misma primera entrada, Cleveland anotó una carrera y se fue arriba 1-0.

Turno para San Fernando. Turno para Roberto Ramos que deja llenar la cuenta y en 3 y 2 pega imparable para remolcar a José Haros y poner el 1-1 que espanta los nervios.

Gran turno al bate, trabajando la cuenta a pura paciencia contra un pitcher zurdo como él: “Sí. Yo no me desespero… gracias a Dios elegí bien y pude conectar”.

Tiene 18 años y se faja lejos de su familia.

Una lección de madurez y equilibrio de un joven que se juega muchas cosas en un sola semana y en la que mira de cerca el título de campeón con su escuela del Valle de San Fernando; también se gradúa de High School y podría escuchar su nombre en el draft del 6 de junio cuando los scouts de Grandes Ligas se asoman a buscar talento nuevo para la gran carpa.

El pitcheo domina. Se buscan bates gruesos porque en un juego de beisbol aficionado a seis entradas no se guardan armas para más tarde.

Cuarta entrada y segunda llamada a la caja de bateo para Ramos.

“Rob, You can do it!”, es el aliento desde la grada.

Dicho y hecho. Segundo imparable del sonorense que pone a Robles en tercera.

La defensa de los Cavaliers, inexpugnable, apaga el fuego y los actos de heroicidad quedan para después.

Mira hacia el draft, pero no descarta jugar en México, si es que no se dan las cosas, pero eso sí, tiene clara una meta: llegar al beisbol mayor.

“Mi sueño desde siempre, de toda la vida, es llegar a las Grandes Ligas, con Dios por delante y con mucho trabajo creo que puedo llegar a conseguirlo”, dice convencido.

El juego de la final por el título entra en la zona de definción y las miradas van en busca de un héroe. Abren la sexta y crucial entrada.

Se busca un héroe.

Robert Ramos sigue allí en primera base, con el prototipo del ligamayorista que ya enseña cosas destacables. Zurdo y grandote pero con movimientos felinos.

“El primera base me siento mejor, es mi posición natural aunque también juego la tercera base”, añade.

Y ahí vienen los Tigres. De nuevo Haros se embasa y empiezan a construir la carrera que cambie esta historia.

Un error en infield de los Lobos pone a Robles en primera y a Haros en tercera y sí…

Ahí viene Ramos. La vio. Le gustó y le tiró.

La pelota voló hacia el jardín izquierdo y Haros volaba a home para poner el 2-1 que sería definitivo.

Alguien buscaba un héroe y lo encontraron entre los abrazos y gritos de los Tigers.

Ramos de 3-3 en la final

La tarde de sol picante del Dodger Stadium, un lugar donde no parece haber espacio para más hazañas, encontró al hombre capaz de escibir una página de oro el día en que los miraban sus compañeros de la escuela y los victoreaban sus padres, y la final del beisbol escolar División I de Los Ángeles encontró a un MVP anunciado.

“Gracias a Dios que se dieron las cosas y somos campeones. Es un orgullo poder darle esto a mi escuela y a mi familia.Todo es tan perfecto que parece un sueño”, dice feliz.

Se lleva el trofeo de campeón y el título de MVP, y también se lleva el recuerdo de haberse probado en primera base, donde se para Adrián González cada vez que juegan los Dodgers.

A los 18 años de vida, hay permiso para soñar.

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