Bielsa, dos años de claroscuros que dejan una huella imborrable en Bilbao

La marcha de Marcelo Bielsa del Athletic Club, anunciada ayer por el presidente de la entidad rojiblanca, Josu Urrutia, pone fin a una etapa de dos años de claroscuros, brillante el primero y el tortuoso el último de ellos, que sin duda dejarán una huella imborrable en Bilbao.
Bielsa, dos años de claroscuros que dejan una huella imborrable en Bilbao
El exentrenador argentino del Athletic Club, Marcelo Bielsa (2d), durante una sesión de entrenamiento. EFE/Archivo

Bilbao, 8 jun (EFE).- La marcha de Marcelo Bielsa del Athletic Club, anunciada ayer por el presidente de la entidad rojiblanca, Josu Urrutia, pone fin a una etapa de dos años de claroscuros, brillante el primero y el tortuoso el último de ellos, que sin duda dejarán una huella imborrable en Bilbao.

Las dos finales disputadas el pasado año, la de la Liga Europa y la de Copa del Rey, o el memorable partido en Old Trafford, el punto culminante de este intenso ciclo, quedarán para siempre en el recuerdo de una afición que ha idolatrado al argentino brindándole su apoyo hasta el último día.

Los cánticos de ‘Bielsa, quédate’ o ‘A lo loco se vive mejor’ que le dedicó San Mamés el pasado miércoles en la despedida de ‘La Catedral’ dejaron patente que el rosarino ha calado hondo entre los seguidores bilbaínos, que han valorado su labor más allá de unos resultados que este año han estado muy lejos de ser los esperados.

El exhaustivo conocimiento de la plantilla que mostró en aquella videoconferencia en la que fue presentado por el todavía candidato Urrutia unas horas antes de ganar las elecciones ofreció las primeras pinceladas de la metódica y exigente hasta el límite manera de trabajar del rosarino.

Después de cuatro años bajo la batuta de Joaquín Caparrós, el radical cambio de estilo tardó dos meses en cuajar. La victoria en Anoeta, a mediados de octubre de 2011, marcó el punto de inflexión en la trayectoria de un equipo que llegó a tocar el cielo en Manchester.

El Athletic, que por primera vez se vio capaz de jugar de tú a tú a los más grandes en un memorable partido contra el Barcelona de Pep Guardiola, escribió una de las páginas más bonitas de su historia en Old Trafford logrando una victoria que puso tanto al equipo como a sus jugadores en el gran escaparate del fútbol europeo.

La afición vivía en una nube de la que se despeñó bruscamente en Bucarest. La dolorosa derrota de la final europea contra el Atlético de Madrid de un Athletic desconocido, superado por el gran acontecimiento, marcó el inicio de una vertiginosa caída que no logró frenar dos semanas después en la final de Copa contra el Barça.

Nadie podía prever que la ilusión de ese primer año de Bielsa al frente al Athletic se iba a transformar en una tremenda frustración. La durísima polémica de las obras de reforma de Lezama a los pocos días de comenzar la pretemporada abrió una herida entre el técnico y la junta encabezada por Urrutia que nunca cicatrizó.

Este espinoso asunto, unido a la traumática salida de Javi Martínez al Bayern de Múnich y el ‘no’ de Fernando Llorente a la oferta de renovación del club, que rechazó buscar una salida a la estrella del equipo rojiblanco, provocó una marejada de dimensiones considerables cuando todavía no había comenzado la temporada.

Eliminado a las primeras de cambio en Europa y en la Copa, los dos torneos que le habían dado la gloria unos meses antes, el Athletic pasó del cielo al infierno ofreciendo su peor versión, la de un equipo muy vulnerable en defensa e ineficaz en ataque que tuvo que bajar al barro para ganarse la permanencia.

A pesar de ello, Bielsa nunca perdió el respaldo de la afición, que deberá asimilar ahora la unánime, aunque impopular, decisión de la directiva, tan arriesgada como lo fue en su día la de darle al ‘Loco’ las riendas del Athletic.

“Me siento más cercano al equipo que recorrió la adversidad que al que recorrió el éxito. El que recorrió el éxito salió dañado y el que recorrió el fracaso saldrá fortalecido”, reconoció Bielsa en su última rueda de prensa en una frase que resume su etapa al frente del Athletic.