Espionaje y privacidad

Las recientes filtraciones de noticias deben recordar a todos que la privacidad es una de las pérdidas constantes en el combate al terrorismo.

El presidente Obama quiere acabar con la prisión de Guantánamo, un símbolo de los excesos de la administración Bush después de los ataques del 9/11 y de una guerra sin fin. Al mismo tiempo, ha continuado las políticas de su predecesor en cuanto al monitoreo de las comunicaciones de los estadounidenses. Incluso cuando el mandatario críticó este accionar durante la campaña presidencial en 2008.

Varios reportes periodísticos recientemente revelaron que la Agencia de Seguridad Nacional recibe diariamente los datos de las llamadas realizadas y recibidas por los millones de clientes de Verizon. También se informó de la existencia del programa Prism, mediante el cual el Gobierno accede a la información a la actividad en línea a través de los servidores de las principales empresas de Internet.

Esto es muy preocupante, más allá de las explicaciones de la Casa Blanca, por el ejercicio masivo de espionaje interno que esto significa y por el hecho que este pueda ser utilizado en otros momentos, y por otras administraciones, para fines inconfesables.

Es muy cierto que la privacidad del individuo ya ha ido desapareciendo con los agresivas acciones de mercadeo tecnológico que identifica clientes y establece sus patrones de conducta. No obstante, este hecho no desvirtua que exista una razonable expectativa de privacidad en cuanto al Gobierno se refiere.

La seguridad en una democracia requiere un delicado balance para evitar la tentación siempre de abuso de poder.