¿Deportar a los Dreamers?

El reciente voto en la Cámara de Representantes sobre el financiamiento del Departamento de Seguridad Interna (DHS) es una señal de la hostilidad que prevalece contra los indocumentados en ese recinto.

Básicamente, la Cámara Baja aprobó numerosas enmiendas que prohiben el dar dinero para las iniciativas de deportación diferida propuestas por la Casa Blanca, entre otros. O sea, si se cumplen los deseos de la mayoría republicana no habrá fondos para evitar la deportación de los jóvenes Dreamers, como tampoco para permitir que los cónyuges de ciudadanos estadounidenses puedan permanecer en el país esperando los trámites en DHS.

Este proyecto de ley, tal como esta, tiene sus días contados ya que difícilmente será aprobado por el Senado y menos firmado por el presidente Obama ya que mina su política de deportación diferida.

Este voto de la Cámara Baja es especialmente inquietante porque permite a un extremista antiinmigrante como el congresista Steve King (R-IA) dirigir las postura de la mayoría sobre inmigración. Este es un indicio pésimo para las posibilidades de una reforma migratoria integral.

También esto debería preocupar a los republicanos interesados en cortejar al electorado latino. De nada sirven los discursos bonitos ni los escritos amables, si a la hora de la verdad los recalcitrantes son los que dominan los debates ligados a la inmigración.

Es indignante e inconcebible que a esta altura la deportación de los jóvenes que fueron traídos de niños a Estados Unidos por sus padres sea una prioridad legislativa ligada a la seguridad interna.

Todavía falta mucho para que la reforma migratoria llegue a la Cámara de Representantes, mucho puede pasar entre ahora y entonces, pero lo ocurrido con el presupuesto de seguridad interna predice un camino lleno de espinas.