Prejuicios de una jueza

Los críticos en el Congreso de las designaciones judiciales del presidente Obama tienen una visión restringida de la justicia representada por magistrados como la jueza Edith Jones.

Esta magistrada del Quinto Circuito del Tribunal de Apelaciones es la que ante una audiencia estudiantil organizada por la Sociedad federalista dijo hace unos meses que “los grupos raciales como los afroamericanos y los hispanos están predispuestos al crimen”, que están “propensos a cometer actos de violencia” y que están más involucrados en crímenes violentos y “atroces” que las otras minorías.

La jueza también dio su particular manera de pensar sobre la pena de muerte, como si este castigo fuera un servicio público para que los condenados “hagan su paz con Dios”.

Con esta manera de pensar es difícil imaginar un proceso sin prejuicio ante un latino acusado de un delito violento. Estas opiniones desembocaron con justicia en una queja ética en contra de la jueza por oganizaciones legales y de derechos civiles basada en declaraciones juradas de los presentes.

El problema es que Jones no es una anomalía. Ella es una estrella conservadora judicial designada por Ronald Reagan a los tribunales, y ha sido una de las principales candidatas a la Suprema Corte de Justicia durante la pasada administración de George W. Bush. Ella representa una filosofía judicial que sin ser racista, desconoce la base constitucional de derechos y protecciones para minorías e individuos.

Creemos que la preocupación de los senadores republicanos debería estar puesta en magistrados como Jones, en vez de las nominaciones moderadas de la Casa Blanca. Les debería inquietar que con sus prejuicios raciales ella desprestigia su corriente filosófica. Pero nadie ha levantado la voz en esa bancada con respecto a Jones y, como dicen, el q   ue calla otorga.