Caifanes terminaron aclamados en show en LA

Caifanes complació el miércoles a su público entregado
Caifanes terminaron aclamados en show en LA
Un instante del concierto de Caifanes el miércoles en Los Ángeles.
Foto: Especial para La Opinión - René Miranda

Caifanes volvió resuelto en su madurez musical. Y al no tener nada nuevo qué presentar, prestan más atención a lo que tocan… y cómo lo tocan.

Aunque la banda siempre se ha distinguido por su música y lírica, su experiencia como músicos resaltó entre un acorde y otro, en temas que se han convertido en clásicos como Nubes —en el que destacó los solos de guitarra de Alejandro Marcovich— o en Viento —donde Diego Herrera dejó ver su habilidad con el saxofón, además de sus participaciones cotidianas en el teclado—.

Hacía tiempo, en lo que van del año, que el Teatro Nokia en LA Live no se llenaba casi por completo —tiene capacidad para siete mil espectadores— con tantos fanáticos de corazón, de esos rockeros de antaño que traen tatuado en la mente y en el alma el arte de bandas como Caifanes.

Hacía tiempo también que las filas para comprar boletos y para obtener los que se habían adquirido por internet, no eran tan largas.

Parecía una condición vestirse de negro. En su mayoría llegaron así, hombres y mujeres de todas las edades. Luciendo larga cabellera, como en los 80, sin un estilo de corte, más bien mostrando un crecimiento natural, sin hechura.

Pero algo diferente ocurrió en este concierto. Musicalmente fue una delicia, a pesar de los problemas de sonido que la banda experimentó de entrada y de la pésima acústica en los laterales del teatro —el Nokia no se distingue por tener una buena calidad de rebote de sonido—.

Al llegar al teatro, en las pantallas, había una advertencia con frases que resaltaban en color rojo y se leía: “Hola Los Ángeles, por favor ayúdanos. No uses, ni dejes que nadie use ¡Flash! Le hace mucho daño —subrayado con rojo— a Alejandro Marcovich, gracias!”.

Caifanes no logró conmocionar a “la raza” como ocurrió en el primero de sus conciertos en Los Ángeles, después de su reencuentro. quizá por la incomodidad producida por un micrófono que chillaba cada vez que Saúl Hernández se acercaba a cantar (aunque después lo resolvieron), el cansancio de la banda que desde que volvieron hace dos años han tenido casi 90 presentaciones, o el estado de salud en algunos de ellos.

Faltó esa “magia” que suelen proyectar en sus presentaciones desde que están de regreso. A lo mejor se debe a que su público en Los Ángeles ha cambiado. Eran pocos, los más jóvenes, que se “prendían” con las rolas más conocidas como Para que no digas que no pienso en ti o No dejes que.

Más bien ahora, sus fans que igual gozaron cantando temas como Cuéntame tu vida o ¿Será por eso?, prestaban más atención al desarrollo musical y a lo que hacían en el escenario Alfonso André (batería), Sabo Romo (bajo), Marcovich, Herrera y Hernández.

Caifanes entonces era para gozarlo simplemente escuchando, sin los brincoteos de otras épocas. Y ver el esfuerzo de sus integrantes que se entregaban en cada pieza.

Los temas que interrumpieron esa estabilidad del público fueron La célula que explota, que Hernández permitió que el público la cantara en su totalidad, la rítmica pieza La negra Tomasa, y Afuera, que interpretaron para finalizar la velada.

El vocalista y líder de la banda, como es característico en él, no dejó de lado sus mensajes de paz y de lucha social.

Dedicó a los indocumentados Antes de que nos olviden, “(…) para todos los que se han partido el alma por esta nación: para ti es este tema”, dijo.

A sus nuevos y jóvenes seguidores —que también se sumaban en cientos— y a los hijos de sus fans que se han agregado a sus filas, les ofreció Para que nadie te haga daño.

“Nadie tiene el derecho de hacerles daño, luchen por ser felices y dar amor”, comentó Hernández.

Con pausas momentáneas entre un tema y otro, sin el ritmo de seguimientos de otros tiempos, Caifanes concluyó con un público que volvió a celebrar el hecho de seguir viéndolos juntos.