Jóvenes celebran primer año del programa de la acción diferida en LA

Aunque hay un buen balance del primer año de DACA, un millón de posibles beneficiarios aún no aplica
Jóvenes celebran primer año del programa de la acción diferida en LA
Solicitantes de la acción diferida y sus familias celebran el primer año del programa.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

Un año ha pasado desde que a Miguel Molina le cambió la vida para bien, al enterarse del anuncio del plan de Acción Diferida (DACA) emitido por el presidente Barack Obama en un día como hoy, 15 de junio, del año pasado.

Esto vino a traerle a casi 2 millones de jóvenes indocumentados, que llegaron de pequeños y han permanecido sin documentos en este país, la oportunidad de enterrar el miedo a la deportación.

Molina, de 19 años de edad, residente de Los Ángeles, y originario de Acapulco, México, llegó a los Estados Unidos cuando tenía 2 años. Él reconoce que gracias a DACA ahora puede tener un permiso de trabajo y un número de seguro social y ese simple hecho le ha traído “felicidad” a su vida.

Sin embargo, la respuesta abrumadora que se esperaba tendría el proceso DACA no se ha visto reflejada en las cifras.

Hasta el pasado mes de marzo, el Departamento de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (USCIS) había recibido 469,530 aplicaciones. De las cuales 245,493 han sido aprobadas.

Esto significa que más de un millón de jóvenes indocumentados elegibles para evitar la deportación y obtener su permiso de trabajo bajo DACA no han siquiera iniciado el proceso.

“Nos preocupa que quizás no lo estén haciendo por esperar la aprobación de la reforma migratoria, cuando no hay nada seguro al respecto. Y segundo, que no lo hagan por cuestión de dinero, porque en ese sentido hay ayuda, hay alternativas”, afirmó Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición para los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Ángeles (CHIRLA).

Desde agosto de 2012, la organización comenzó a ayudar a unos cuatro mil jóvenes del condado de Los Ángeles. A la fecha, alrededor de dos mil ya fueron aprobados. Con ese motivo, esta semana CHIRLA celebró con una docena de ellos la transformación que ha ocurrido en su vida.

“Lo que sabemos es que no ha sido el miedo lo que los detiene, sino la creencia de que no cumplirán con la documentación necesaria. Para eso estamos nosotros y podemos ayudarles con eso”, enfatizó el abogado Luis Pérez,, de CHIRLA.

La alegría que emana de su sonrisa y la mirada de Molina, cuentan más que mil palabras sobre lo que significa para alguien como él, tener una licencia de manejo y un permiso de trabajo.

“Te sientes liberado”, expresó. “Fui aceptado para un internship en USC y me pedían mi seguro social. El hecho de saber que sí lo tengo, me hace sentir… ¡feliz!”.

“Necesitamos que los jóvenes defiendan este derecho que no se les regaló, ellos se lo ganaron. Tienen que aprovecharlo”, resaltó Salas.

“No estoy satisfecho aún. Faltan mis padres, porque son ellos quienes vinieron aquí para darme una vida mejor Ellos merecen también estar legales en el país”, sostuvo Molina.