A un año de DACA

Inmigración

La ley es la ley, y los inmigrantes ilegales deben ser deportados sin consideración alguna, escuchamos frecuentemente de parte de los que se oponen a una legalización de la población sin estatus migratorio.

Que hay una parte de ellos que fueron traídos a los Estados Unidos siendo menores y obviamente sin que mediara su voz en la decisión parece importarles poco. Hace unos días escuche a un representante de la Cámara Baja decir: “Acaso si atrapamos a un ladrón que robó un banco, les permitimos a sus hijos que se queden con el botín”. La comparación es absurda, ridícula y reñida con un análisis serio de las circunstancias legales de ambos casos.

La normativa administrativa de la Acción Diferida (DACA) que les concede a los llamados “Dreamers” la opción de que su deportación quede en suspenso por un periodo de dos años, en el que se les otorga además un permiso de trabajo y un número de seguro social, llegó a su primer aniversario.

Pero aunque el apoyo de los votantes a la legalización de los “Dreamers” es masiva —en la mayoría de las encuestas supera el 80% — todavía hay quienes se empeñan en combatir este esfuerzo. En una medida sin nombre, la semana posada el grueso de la bancada republicana de la Cámara de Representantes votó por una enmienda al proyecto de presupuesto del Departamento de Seguridad Interna para “quitar los fondos” al programa de Acción Diferida. Una medida intrascedente si consideramos que el Senado jamás aprobaría una medida de esa naturaleza, y que además el Presidente Obama jamás la firmaría.

Adicionalmente, sobre DACA pende una espada de Dámocles que amenaza con acabar con los sueños de estos talentosos jovenes. En abril pasado, el juez distrital Reed O’Connor —quien tiene en sus manos la demanda presentada por un grupo de agentes de la Agencia de Inmigración y Aduanas contra la medida administrativa— señaló que el Departamento de Seguridad Interna no tiene discreción para rehusarse a iniciar los procedimientos de remoción de los Dreamers. La resolución final se encuentra todavía pendiente.

Y en este primer aniversario de DACA, nos encontramos con historias como la de Carlos Martínez, un joven mexicano que llegó a los 9 años de edad y que a sus 31 años y después de haber obtenido dos títulos en Ingeniería en la Universidad de Arizona acaba de ser contratado, gracias a DACA, por la compañía IBM, como un especialista en ventas técnicas, en la ciudad de San Francisco, California. Antes de DACA, Martínez era trabajador de la construcción.

Como puede cualquier persona racional pensar que un joven en el que hemos invertido en su educación primaria y secundaria (Martínez financió sus estudios universitarios con fondos de fundaciones privadas) le sirve a nuestra comunidad mejor trabajando en la construcción y no poniendo en uso su preparación académica? No lo entiendo.

Feliz aniversario ‘Dreamers”, si se puede, ustedes son el futuro de los Estados Unidos de América.