Ramiro Romero es un padre muy comprometido

Ramiro Romero es un líder comunitario que celebra su día como ejemplo de esfuerzo y progreso
Ramiro Romero es un padre muy comprometido
Ramiro Romero (izq.) con su nieto Alan y sus hijos Fredy (der.) y Oscar en su negocio de Lynwood.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

Ramiro Romero, de 56 años de edad, llegó a California proveniente de un pueblo pequeño en Michoacán llamado Cherán, como muchos, a buscar una mejor vida.

No fue fácil. Después de trabajar en las cosechas de uvas, tomates y olivas, en Fresno, California, llegó a Los Ángeles a buscar otros trabajos más estables.

“Los trabajos en el campo son temporales. En un año, uno puede trabajar en dos o tres cultivos y es un trabajo muy pesado. Yo he visto cómo muchas personas en el campo están como ciegos, como esclavos. Trabajan mucho y la paga es poca, y no pueden salir de eso. Yo no quería ser así. No sabía exactamente qué iba a hacer, pero sabía que tenía que abrir los ojos”, dijo Ramiro, quien trabajó en los cultivos de 1973 a 1976.

Al arribar a Los Ángeles, en donde vivían a sus hermanos, consiguió trabajo en una fundición de metales. Ese trabajo tampoco le gustó por las condiciones insalubres y peligrosas. A los pocos meses, se empleó en una tienda distribuidora de tela para tapicerías.

“Yo sabía que tenía que aprender inglés si quería mejorar y crecer en este país. El inglés sirve para comunicarse, y eso es algo que yo le digo a la gente, que tienen que aprender inglés”, aseveró.

Después de un par de años de trabajar en la tienda, él se convirtió en gerente, a cargo de la compra de las telas. Allí conoció a su esposa Teresa con la que tuvo a sus dos hijos, Oscar y Freddy.

A mediados de la década de los ochenta regresaron a Michoacán.

Pero otra vez la vida lo trajo de vuelta en 1989, cuando su antiguo jefe, el dueño de la tienda de tela para tapicería, le ofreció trabajo como vendedor porque era bilingüe y conocía la ciudad.

En este nuevo empleo, Ramiro aprendió el resto de lo que necesitaba para abrir su propia tienda.

“Yo creo que muchas personas tienen miedo y el miedo no los deja progresar. A mí me daba temor abrir mi propia tienda, pero confiaba en mis habilidades. Yo le dije a mi hermano que abriéramos la tienda juntos y que nos iba a ir bien”, dijo.

Hace 21 años abrió Romero’s Upholstery, sobre la avenida Atlantic, en la ciudad de Lynwood.

Actualmente, este negocio es uno de los cinco más grandes e importantes de proveedores de tela para tapicería en California.

Romero’s Upholstery provee telas de restauración de tapicería para vehículos a grandes empresas como Magic Mountant, Disneyland, Universal Studios, Nokia y otras en Las Vegas, Texas e Illinois.

Freddy Romero, hijo de Ramiro, dijo que su padre es una inspiración para él y para otras personas a su alrededor, ya que llegó de Michoacán sin nada y ha logrado tener éxito.

“Mi papá nos ha enseñado a no tener miedo. A tomar riesgos para poder sobresalir”, dijo Freddy.

Una de las cosas que él más admira es su ética de trabajo, su dedicación hacia su familia y la forma en que se ha convertido en un líder en la comunidad.

Ramiro es presidente de la Federación de Michoacanos en Los Ángeles y secretario de COFEM.

El Club Cherán —parte de la Federación de Michoacanos— que fundó, ha sido responsable de la construcción de aulas escolares, restauración de canchas deportivas y apoyo a la Universidad Pedagógica de ese pueblo.

Además, anualmente dona medicinas a hogares de ancianos y comida a las familias más pobres.

“Si a uno le va bien, es responsabilidad compartir con otros”, acotó Ramiro.