Toda una travesía que terminó justo donde empezó su odísea

SAN SALVADOR.— Olga Martínez había cruzado ya el río Bravo. Su meta era alcanzar Texas, donde vive su cuñada, en busca de una vida mejor.

“Nos correteó la migra”, recuerda, y entonces tuvo que replegarse de vuelta al territorio mexicano.

Estaba oculta en una bodega en Reynosa, Tamaulipas, en espera de un segundo intento cuando aparecieron los agentes mexicanos.

“Ni modo, hoy me toca echarle ganas en El Salvador, a ver qué sale”, dice. Pero su familia no sabe que está de vuelta. En unos minutos va a llamarles para darles la mala noticia.

Y buena noticia al mismo tiempo, considerando que se temía que ella y decenas de personas más estuvieran en peligro. En 2010, 72 migrantes, entre los que se cuentan 14 salvadoreños, fueron asesinados en Tamaulipas por pistoleros del cártel de los Zetas.

Según una información publicada este mes en el diario mexicano La Jornada, una célula de esa banda, que el periódico identifica como “El Círculo” o “El Extranjero”, controla el tráfico, la trata y el secuestro de migrantes en la misma zona donde Olga Martínez y sus compañeros de infortunio fueron capturados por las autoridades mexicanas.

Entre los recién repatriados se encuentra Silvia Cortez, de 17 años. Es hija única, y se propuso llegar a Maryland, donde tiene una amiga, apenás sacó el bachillerato.

Viajaba sola, sin guía. A veces en autobuses, a veces caminando.

Hoy, vuelve al lugar dónde empezó su odisea.