Una Cámara ingobernable

El fracaso sorpresivo de la Ley Agrícola en la Cámara de Representantes vuelve a mostrar las fuertes grietas ideológicas en el recinto, que dificultan el avance de la legislación. Esta es una mala señal para las posibilidades de la reforma migratoria.

La Ley Agrícola solía ser una medida poco controversial, puesto que había un poco para todos, subsidios para agricultores —y la industria— y cupones de comida para los más pobres. Sin embargo, desde hace dos años que esta reautorización, que se hace cada cinco años —ahora de 500,000 millones de dólares—, no puede realizarse por los desacuerdos en la Cámara Baja.

Este año el liderazgo republicano pensó que podía lograrlo, pero fracaso. Los intereses en juego eran muchos y distintos, nunca pudieron reconciliarlos como para conseguir el respaldo de votos suficientes, en vez de una derrota contundente como la que obtuvieron de 234-195 en contra.

El proyecto estaba desequilibrado desde un primer momento. Era muy generoso por los subsidios a la industria agrícola y demasiado estricto con los recortes y las exigencias para los cupones de alimentos para los más pobres.

En resumen, los demócratas no lo querían por considerarlo injusto, mientras que los republicanos se dividieron entre los que querían los subsidios y los duros con el presupuesto que lo veían demasiado costoso.

De esta manera, las divisiones en la bancada vuelven a dificultar la posibilidades de una legislación razonable, como es el caso de la deuda federal, los prestamos estudiantiles y el presupuesto, entre numerosos proyectos de ley.

La Cámara de Representantes hoy es ingobernable. El liderazgo republicano es incapaz de lograr consenso interno en su bancada que está integrada por facciones radicalizadas, dogmáticas e inflexibles.

Este es un gran problema para el futuro de las medidas pendientes en la Cámara Baja, como la reforma migratoria. Más grave es la paralización del Poder Legislativo que esto significa. De nada sirve que el Senado apruebe su versión de Ley Agrícola, si la Cámara Baja no hace lo suyo ni que el Senado pase un presupuestos si los congresistas duros de la Cámara no están dispuestos a seguir las normas de conciliación que rige en estos casos.

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