Sin margen para el error

En la Cámara de Representantes, bajo control republicano, muchos legisladores están tomando la postura no sólo de poner resistencia sino también de socavar la reforma migratoria El presidente de la Cámara, John Boehner, afirmó que no presentaría el proyecto de ley a consideración del pleno a menos que la mayoría de los republicanos lo respalde.

Hace más de una década que la reforma migratoria está pendiente, la que ha dejado a 11 millones de personas en un limbo legal. Urgimos enfáticamente a los congresistas en Washington a trabajar por soluciones razonables y políticas humanas que den fin a la situación apremiante de tantas familias en este país.

Y a los legisladores que desean lograr una reforma bipartidaria atravesando un campo minado de enmiendas retrógradas, les recordamos que en 2006 los inmigrantes y sus aliados organizaron manifestaciones masivas en todo el país. El lema fue: “Hoy marchamos, mañana votamos”.

No fue una promesa vacía.

Los ataques anti-inmigrantes de la derecha se han vuelto cada vez más hostiles, causando que los votantes indignados elijan al candidato demócrata presidencial. Esta tendencia continuó incluso cuando los republicanos buscaron tener una postura más inclusiva en 2012, pero fueron incapaces de ofrecer un programa real para la reforma migratoria. Las implicaciones políticas para aquellos que eligen acercarse a la mesa de negociaciones de mala fe son muy claras.

Pero mucho más importante que las consecuencias políticas, el Congreso tiene la obligación moral hacia los niños, los que no deben ser separados de sus padres. El Congreso debe sacar de las sombras a las personas que están listas para integrarse plenamente y contribuir con la economía de nuestro país, ahora que la generación de baby boomers se ha ido retirando.

Se ha permitido ahora que la seguridad fronteriza domine el discurso acerca de la reforma. Comprendemos que los controles de la frontera son necesarios. Sin embargo, la conversación acerca de la reforma no comienza y termina con la frontera. Este proceso de dos pasos con el que muchos republicanos están obsesionados —acerca de que la legalización debe estar sujeta a un complejo fronterizo militar— es la misma táctica dilatoria que vienen usando desde hace varios años.

Los indocumentados están dispuestas a pagar multas y cumplir con una serie de requisitos. Pero condenarlos a un purgatorio como intento para cerrar y sellar herméticamente la frontera sur es un juego político, ya que los republicanos siguen moviendo la línea en lo que respecta al significado de la seguridad fronteriza.

También somos conscientes de que todos los demócratas prometieron una reforma migratoria integral que incluyera una vía hacia la legalización y la ciudadanía. Esto no se traduce en un estancamiento indefinido de familias indocumentadas hasta que los republicanos hayan marcado como cumplidos todos sus requisitos. Eso no es un acuerdo, es una capitulación.

Esperamos que ambos partidos demuestren liderazgo para alcanzar una solución y políticas funcionales que promuevan el éxito de los inmigrantes, y al mismo tiempo, el éxito de nuestro país. Mientras tanto, seguiremos listos para señalar a aquellos que lideran este proceso y aquellos que se esfuerzan por socavarlo.