Long Beach prohíbe usar música para vender helados

Comerciantes de helados están en alerta por una ordenanza de Los Ángeles que prohibiría eLong Beach prohíbe usar música para vender heladosl ruido

Néstor Zea, vendedor de helados en Long Beach desde hace 20 años.
Néstor Zea, vendedor de helados en Long Beach desde hace 20 años.
Foto: La Opinión - Isaías Alvarado

No solo los vendedores de helados están preocupados por la ley que les ordenaría apagar su música en Long Beach. Los dueños de camiones de comida temen que también ellos estén en la mira.

“Van a seguir. Quieren quitar a los independientes para que entren las compañías grandes”, dice Rogelio Esparza, cuya familia ha sido propietaria de una ‘lonchera’ por 14 años. “Yo les he dicho a los de las nieves: ‘una patada que te den a ti me va a doler a mí. Todos sabemos hacia dónde van”, agrega.

La reciente aprobación de una iniciativa que pediría a los vendedores de nieves bajar el volumen de sus altavoces cuando recorran los vecindarios y playas de la ciudad, así como apagarlos por completo al estacionarse, ha dejado helados a muchos en Long Beach, donde el 36% de la población es latina.

“Si no los detenemos ahora ellos [los concejales] tomarán más pasos. Luego irán contra las ‘loncheras’ y después la ley se extenderá a otras ciudades”, señala Bob Bakshi, dueño de la distribuidora Long Beach Ice Cream, que abastece a más de 40 vendedores en esa localidad.

Uno de ellos es Néstor Zea, un guatemalteco que entró al negocio hace 20 años. Hoy dice solo ganar lo necesario para sobrevivir. Él trabaja los siete días de la semana y no duda en que sus ganancias caigan aún más si el municipio les prohíbe tocar las canciones infantiles que los promocionan por las calles.

“Cuando esas personas [los ediles] eran niños, comieron helados y esa música los alegró. Y ahora ellos tienen hijos y nietos que son nuestros clientes”, comenta Zea, de 61 años, implorando a los gobernantes de Long Beach suavizar el rigor de la ordenanza.

Estos comerciantes, muchos de los cuales son de origen hispano, proponen que se regularice el volumen de su música y que se extiendan multas a los que sobrepasen el límite. “La música es parte de la atracción, porque los niños están jugando los videojuegos y tardan un ratito para que nos oigan y vayan a decirles a sus mamás que quieren un helado. De lo contrario ¿cómo vamos a vender?”, dice Zea.

Bakshi lo ve como un asunto de seguridad pública. Él afirma que los automovilistas suelen reducir la velocidad cuando escuchan las canciones de los camiones de helados, sabedores de que hay pequeños en la zona. “Si les pasa algo a los niños será responsabilidad de la ciudad”, indicó el empresario.

Pero el autor de la norma, el concejal Dee Andrews, asegura que sólo se pretende mejorar la calidad de vida de los vecindarios y resalta que ésta obedece a las quejas que residentes le han hecho llegar desde hace varios años. En áreas del centro de la ciudad, afirma, la música de estos vehículos se puede escuchar “por varias cuadras”; aunado a su constante presencia.

“Actualmente, no hay leyes que regulen la música de los camiones mientras están estacionados”, señala Andrews. “Para que los camiones cumplan con las regulaciones de ruido se debe controlar a través del Departamento de Licencias de Negocios”, añade el edil.

Esta semana, el Concejo de la ciudad de San Marino (a 28 millas de Long Beach) aprobó en una primera lectura una ley que —entre otros requisitos— exigiría a los dueños de camiones de alimentos que su música no rebase por cinco decibeles al ruido ambiental, esto medido desde la propiedad más cercana al lugar donde permanezcan estacionados. El voto definitivo ocurrirá el 26 de julio.

Los vendedores de helados y de comida no dudan en unir fuerzas contra las regulaciones que se tratan de imponer en la región. “Estamos peleando por el derecho de sobrevivir decentemente”, dice Zea.