Niños aprenden a navegar en el Este de Los Ángeles (fotos)

Instructores de LifeSail les enseñaron los principios básicos de navegación y luego pasearon en miniveleros
Niños aprenden a navegar en el Este de Los Ángeles (fotos)
Los pequeños hacían largas colas para poder tener la oportunidad de navegar en las mininaves en el Parque Belvedere.
Foto: La Opinion Aurelia Ventura

Juan Torres llevó a su hija y sus nietos a conocer el Parque Belvedere, sin sospechar que los niños tendrían la oportunidad de navegar en pequeños veleros.

“Llegamos con sándwiches a disfrutar del parque y nos encontramos con la actividad”, dijo Torres, cuya hija y nietos llegaron hace apenas una semana desde México, DF. Su nieta, Danae Mendoza, de ocho años, dijo emocionada que le gustaría subirse de nuevo a un velero pero “en el mar porque sería algo más verdadero”.

Como parte de las actividades de verano que se llevan a cabo en el Parque Belvedere, en el Este de los Ángeles, los niños de la comunidad tuvieron ayer la oportunidad de navegar en el lago del parque en pequeños veleros proporcionados por LifeSail, organización sin fines de lucro, con sede en Marina del Rey, en el que los niños y jóvenes aprenden habilidades de la vida diaria a través de la navegación.

“La navegación es el único deporte, en mi opinión, que enseña todos los aspectos de la vida: liderazgo, carácter, trabajo en equipo, habilidades técnicas”, dijo Matt Schulz, fundador y presidente de LifeSail, quien añadió que uno de los aspectos más importantes de la navegación es que contribuye con el aumento de la autoestima. Schulz también destacó que su organización utiliza el Programa de Acercamiento y Navegación de los Estados Unidos, el cual “usa temas relacionados con el programa STEM (Ciencias, Tecnología, Matemáticas e Ingeniería), enfocado en el individuo”, dijo Schulz.

De acuerdo con Schulz, LifeSail ha llevado su programa a escuelas, el cual no solo incluye clases de navegación sino que también enseñan a los estudiantes como construir naves. “Estos veleros fueron hechos por niños”, dijo Schulz, señalando los botes que navegaban en el lago. “Fueron construidos por estudiantes de la Academia de Ciencias y Matemáticas Hawthorne y HOLA, del centro de Los Ángeles”, dijo Schulz.

Para participar en el evento, los padres pagaban un dólar por un boleto que incluía no solo el paseo en el velero sino también la participación en diferentes rifas. Una vez en el bote, los niños navegaban en él junto a un instructor, algunos de ellos niños de su misma edad con experiencia en navegación, quienes les enseñaban técnicas básicas para navegar un velero. Debido a la cantidad de participantes que llegaron, el paseo solo podía durar entre 10 a 15 minutos. Pero aunque el paseo era corto, los niños llegaban a la orilla con una sonrisa y muy emocionados contando su experiencia.

“¡Me gustó porque iba muy rápido!, dijo Teresa Rojas, de siete años, poco después de bajarse del velero. “Me platicó también que de los tres barcos que están allí, tres los hizo ella”, añadió, refiriéndose a la instructora que la llevó durante el paseo.

Pero además de enseñarles sobre navegación, los niños también aprendieron a construir un anemómetro para medir la velocidad del viento, para el cual usaban un lápiz al que le colocaban dos popotes en la goma con un alfiler y cuatro vasitos de cartón en cada extremo del popote. Los niños soplaban el anemómetro y contaban las vueltas que daba en un minuto para medir la ‘velocidad’ del viento.

“Generalmente se deja para que dé vuelta con el viento pero como no hay viento ahorita, se mide la velocidad cuando lo soplan”, dijo María Gómez, una de las voluntarias de LifeSail, quien explicó que las vueltas se dividen entre 10 para calcular la velocidad. “Si da vuelta veinte veces, eso es dos millas por hora”, añadió.