Perjudicar a los más pobres

La reciente aprobación de la Ley Agrícola es el mejor ejemplo de la ingobernabilidad que predomina en la Cámara de Representantes. El extremismo de un grupo de legisladores de la bancada está rompiendo acuerdos vigentes durante décadas para imponer una ideología que castiga a los más pobres.

Al final, la Cámara Baja decidió separar la parte que financia el Programa Suplemnetario de Asistencia de Nutrición (SNAP), que establece los subsidios para el sector agrícola.

De esta manera, se rompió un acuerdo bipartidista forjado hace 40 años que daba un equilibrio regional y político a la Ley Agrícola al otorgar fondos en forma de subsidios al área rural, al mismo que ayudaba al sector urbano más necesitado.

La mayoría no se puso de acuerdo en cuán profundos debían ser los recortes de SNAP; por lo tanto, tiró por la borda a los más de 46 millones de beneficiarios —47 % de ellos menores de edad— al dejarlo para otra ocasión. Se evitó así que el debate sobre un supuesto derroche para los pobres urbanos perjudique los subsidios para privados y corporaciones del campo.

Una cruel anteojera ideológica lleva a ignorar que la crisis dejó a más personas en una fragilidad económica y que la mayoría de los empleos que se crean son en el sector de servicios, cuyo salario mínimo nacional coloca a estos trabajadores en un nivel de pobreza que los hace beneficiarios de SNAP.

Por otra parte, la reducción de SNAP perjudicará la recuperación económica al quitarle poder de consumo a un sector que con su compra de productos básicos regresa ese dinero rápidamente al ciclo productivo.

La acción de la Cámara Baja no significa el fin de SNAP, ni mucho menos. Hay distintos caminos por recorrer que pueden salvar el programa aunque difícilmente evitar su recorte de fondos.

Lo que sí queda claro es el nivel de disfunción del recinto legislativo, que para funcionar debe crear sus propias reglas ignorando las normas que en un pasado no muy lejano lograban un bipartidismo que permitía gobernar para todos los estadounidenses.

En cuanto a la preocupación de los legisladores sobre la cantidad de gente que depende de SNAP para sobrevivir, la solución es muy simple: hay que aumentar el salario mínimo nacional para que cubra las necesidades mínimas de los trabajadores y no tengan que depender de ayuda gubernamental.