Latinos tienen un brillo especial

Jóvenes peloteros derrochan talento durante el Juego de Promesas

NUEVA YORK (AP).— El talento de Puerto Rico está tocando la puerta de las Grandes Ligas. Fueron cuatro los boricuas que actuaron en el Juego de Promesas, incluyendo al más joven de todos los equipos participantes.

“Soy el bebé”, dijo Carlos Correa, el torpedero de los Astros de Houston que el próximo 22 de septiembre cumplirá apenas 19 años.

Correa fue la primera selección del draft del año pasado y se presentó al juego de prospectos. En su primera temporada completa como profesional, Correa batea para .324 con cinco jonrones, 49 remolcadas y 17 dobles en la sucursal de Clase A en Quad Cities, Iowa.

Los otros boricuas fueron el también torpedero Francisco Lindor (Cleveland), el jardinero Reymond Fuentes (San Diego) y el receptor A.J. Jiménez (Toronto). Y eso que faltó Javier Báez, quien es un destacado torpedero de los Cachorros de Chicago.

“Ser el más joven no me asustó. Fue un juego como cualquier otro, pero pude disfrutar la experiencia de estar en un estadio de Grandes Ligas, con muchos fanáticos. Esto es una bendición, ya que puedes visualizarte” aseguró.

Otro latino que destacó fue Miguel Sanó, y es que las cámaras siempre están tras de él.

Del pelotón de prospectos de las Ligas Menores que se citó ayer para el Juego de Promesas, el tercera base dominicano que milita en la organización de los Mellizos de Minnesota era tal vez el que menos necesitaba de una tarjeta de presentación.

Lo es por sus virtudes al ser señalado como un prodigioso bateador de poder, notable para sus 20 años.

También por ser protagonista de un documental que detalló la odisea de su firma cuando era un adolescente.

“Las cámaras no me molestan”, dijo Sanó cuando le preguntaron sobre si le incomoda estar en la mira. “Ellos pueden hacer lo que ellos quieran. Uno come de lo que se hace en el terreno en el juego y para relucir tienen que haber cámaras”.

Pitcher zurdo. Recta constante entre las 91-93 millas. Apenas 20 años.

Esas son las referencias básicas de Eduardo Rodríguez, el venezolano que sin hacer ruido ahora acompaña a Dylan Bundy y Kevin Gausman dentro de un triunvirato de promesas de pitcheo de los Orioles de Baltimore.

Su actuación en el Juego de Promesas fue impecable. Entró en el sexto inning y retiró a los tres bateadores que enfrentó, al último con un ponche. Dos bolas en ocho lanzamientos, probando además su slider y el cambio de velocidad.

“Me salió todo bien, todos los pitcheos que quería hacer. Lo malo fue que duró muy poco y fue tan rápido”. argumentó.

El despliegue de ese repertorio es lo que permitió a Rodríguez dar el salto de la Clase A avanzada en Frederick, Maryland, a la sucursal de Doble A en Bowie, en el mismo estado.

Con su buen control, promediando 2.8 bases por bolas cada nueve innings esta temporada, lo que llama la atención es que Rodríguez no es un zurdo por naturaleza. Cuando tenía siete años, sufrió una fractura en el brazo derecho y tuvo que empezar a lanzar con el izquierdo.

“Estaba jugando con mi hermano y mi hermana y me caí de un camión de arena. Me rompí el codo derecho y estuve casi un año con yeso”, contó.

Se antoja que pronto puede acompañar a Bundy y Gausman, los otros dos grandes prospectos de los Orioles.

“Los dos han pitcheado en Grandes ligas. Son buenos compañeros, siempre hablan conmigo, sobre cómo hacer las cosas, de ser humilde”, dijo.

¿Y la hora del debut en las mayores?: “No hay que ponerle fecha, sino cuando sea. Lo importante para mí es llegar y mantenerme”.

Mantuvo su positiva progresión este año, al reducir su promedio de carreras limpias permitidas, de 3.70 el año pasado a 3.08 en lo que va de 2013.