Una historia escrita a los batazos

El clásico del verano regresa a Nueva York para aplaudir a las estrellas y despedir a Mariano Rivera

Mariano Rivera estará mañana en su último  Juego de Estrellas.
Mariano Rivera estará mañana en su último Juego de Estrellas.
Foto: AP

El día en que se aplaude a todas las estrellas tendrá también un gustito a despedida, porque esta vez la familia del beisbol va a tener por última vez la presencia del gran Mariano Rivera, el más grande cerrador de la historia del beisbol que, a los 43 años, está en su último año con los Yanquis y que va a escuchar en el estadio de sus rivales de patio, los Mets, la última gran ovación en un Juego de Estrellas.

Para el mítico lanzador panameño ésta es su aparición número 13 y ha dicho que allí cerrará su cuenta con números que le tienen asegurado un lugar entre los inmortales de Cooperstown.

La modalidad de elegir al MVP (Jugador Más Valioso) se inició en1962, y Maury Wills, de los Dodgers de Los Ángeles, fue el ganador del premio en el primer juego porque en el segundo de ese año (varias veces se disputaron dos) ganó Leon Wagner.

Ya para entonces la presencia latina contaba, y fue en 1965 cuando el lanzador dominicano Juan Marichal reclamó el trofeo en el triunfo de la Liga Nacional 6-5 sobre la Americana, en Minnesota.

Este galardón, que no fue muy generoso con los peloteros latinos al comienzo, ha tenido sin embargo un repunte en las dos décadas recientes y ya son 10 los peloteros nuestros que lo han conquistado.

Después de Juan Marichal (1965) aparecen “Tany” Pérez (1967), David Concepción ((1982), Julio Franco (1990), Sandy Alomar (1997), Roberto Alomar (1998), Pedro Martínez (1999), Alfono Soriano (2004), Miguel Tejada (2005) y Melky Cabrera (2012). Es decir, seis dominicanos, dos boricuas, un venezolano y un cubano.

Fueron 15 años, entre 1967 y 1982, en los que ningún latino acaparó los titulares, pero curiosamente, entre 1990 y 2012, los nuestros sumaron siete triunfos.

Extrañamente no está en los museos del legenadario Roberto Clemente, el gran “Cometa de Carolina”, el trofeo de “Jugador Más Valioso”, ya que aunque estuvo en 15 “All Stars”, no tuvo la noche mágica para ser el mejor por un día. Marichal y Pérez, también en Cooperstown, lo consiguieron.

Por lo demás, han sido muchas las situaciones especiales que ha vivido el festival del verano del beisbol: el primero en ganarlo dos veces fue el mítico Willie Mays (1963 -1968) de Gigantes; le siguió Steve Garvey (1974 y 1978) de Dodgers. El legendario receptor de los Expos, Gary Carter (también de los Mets), lo ganó jugando para Montreal en 1981 y 1984.

El último de los cuatro jinetes fue el mítico Kal Ripken que —en 1992 y 2001— honró a los Orioles cuando el juego se disputó en su casa de Baltimore.

Ningún latino llegó a ganar dos veces el MVP en el Juego de Estrellas, pero en cambio sí hubo dos hermanos, Sandy (1997) y Roberto Alomar (1998), que guardan en su vitrina el exclusivo trofeo.

Otra curiosidad la convoca el nombre de Griffey, una “trade mark”de élite en las Ligas Mayores. Ken Griffey Sr. fue MVP en 1980, y su hijo Ken Griffey Jr. fue el agraciado en 1992. Menos mérito han tenido los Bonds, ya que Bobby ganó el premio en 1973, pero su hijo Barry Bonds nunca lo ganó.