Hay distintas corrupciones

Burbujas

La semana pasada fueron abanderados en México por el Presidente Peña Nieto 5,000 policías federales especialmente seleccionados y entrenados a nivel de los mejores del mundo.

Tratándose de México, esto parece ser un sueño del que espero no despertar porque el trabajo de este grupo especializado ayudará para intentar acabar con la deshonestidad y corruptelas infiltradas en los cuerpos de vigilancia de todo el país. Además, servirá para combatir la asociación con el crimen organizado de la mayor parte de las policías estatales, y de las municipales.

Ojalá funcione porque con el dinero corruptor que existe en México no es nada difícil que el próximo blanco, y quizás el más importante para el crimen organizado, sea buscar la forma de corromper a estos policías federales. Además, enfrentarán la oposición de algunos gobernadores a quienes nos les conviene la interferencia con las policías locales, por aquello de lo que Ud. ya sabe.

Es dramático pero México está preso de la corrupción. Vimos como últimamente algunos exgobernadores, como el de Tabasco y otros, han sido detenidos por peculado. Las cantidades defraudadas son increíbles, van más allá de lo que uno pueda imaginarse en un país con recursos limitados como México.

Empezar a proceder en contra de esos pillos es buena señal, pero solo es una gota de agua en el inmenso mar de la corrupción general que padece el país. Y claro, los grandes corruptos de ayer, muchos de ellos ahora honorables y conocidos hombres de negocios, seguirán disfrutando de su mal adquirida riqueza porque los términos para hacerlos responsables han prescrito.

La corrupción ha crecido con los recursos de las drogas. Es parte de ese negocio corromper, y al que no se deja o les estorba lo eliminan. Suena simple, pero brutal.

Ahora en México el concepto de corrupción ya no incluye a la “mordida” que se le da a un policía de tránsito para evitar, no tanto las multas o infracciones, sino los complicados e inútiles trámites posteriores y las molestias del caso. Tampoco incluye la “aceitadita” que se da para echar a andar a los burócratas y acelerar, como con milagros, algunos de esos trámites. Existen ciertas gestiones que representan una mina de oro para quienes las pueden resolver rápidamente para beneficio de quien contribuya adecuadamente para tales efectos.

Hablamos de corruptelas, no de sobornos, los cuales si se consideran en México como altamente deshonestos. En este nivel no están las grandes comisiones por contratos, ni los beneficios que se pueden lograr al cobrar de más o incumplir con las especificaciones contratadas en obras públicas. La diferencia de un metro a lo largo de una carretera de cientos de kilómetros representa muchos millones de pesos. Eso permite compartir “honestamente” con otros pillos el ahorro y se diluyen las responsabilidades.

Y como esto se ha repetido sexenio tras sexenio, muchos funcionarios de gobierno y la contraparte que se prestó a la corrupción con ellos, han amasado fortunas y ahora son respetados por el pueblo. Increíble, pero cierto.

Ah, me faltaban las concesiones. Esas se dan y quien las otorga conserva una parte por aquello de la “justicia social”.

Por lo que he vivido y visto en otros países, sucede algo parecido, solo que sin la eficiencia del sistema mexicano y la pasividad del pueblo que lo ha aceptado por muchas décadas.

Dentro de esta historia de procesos corruptos imagínese las “frotadas de mano” que se están dando algunos seudo-contratistas con solo pensar que puede llevarse a cabo el programa de obras del presidente Pena Nieto, que expuso esta semana: piensa invertir un billón de pesos, que en el sistema métrico decimal es un millón de millones.

No tengo idea de dónde va a sacar esa astronómica cantidad para la construcción de carreteras nuevas, ferrocarriles modernos, electricidad, educación, y renovación de muchas de las ciudades.

De poderlo hacer, no solo colocaría a México entre los países más avanzados del mundo, sino que acabaría con la pobreza y el desempleo, y millones de nuestros indocumentados pudieran volver a México para trabajar allá, donde no son considerados habitantes de segunda.

Si unas inversiones similares pudieran hacerse aquí, resucitaría nuestra economía. Algo de eso se habló en la primera campaña de Obama, pero quedó sepultado en la politiquería, como tantas otras cosas importantes.

Esos planes de mejora en México aunados a una reducción del consumo de drogas en este país, redundarían en una disminución de la violencia en México y lo haría más atractivo para el turismo y los inversionistas de negocios.

Con lástima, he oído en las noticias de esta semana que los traficantes están usando a mi bello Puerto Rico como un nuevo camino para traer drogas a este país, lo cual anticipa los mismos problemas de violencia y corrupción que ha venido padeciendo México.

Debemos tener esperanza de que lo que se está haciendo en México tenga éxito y beneficie a todo el pueblo mexicano.