Identidad de Zimmerman en purgatorio

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Ahora que el juicio contra George Zimmerman ha finalizado, esperamos haber escuchado, por última vez, el término “hispano blanco”. Más que nada, es una creación de los medios, que sólo ha servido para incitar el resentimiento tanto de blancos como hispanos.

Los blancos creen que la intención de los medios era relatar una trágica historia de un villano blanco y una víctima negra, por eso utilizaron el modificador “blanco” antes de “hispano”. Los hispanos son igualmente cínicos. Creen que un individuo mitad-blanco, mitad-hispano que gane el premio Nobel de la Paz será considerado “blanco”, pero uno que mate a un joven negro sin armas y se convierta en un miembro vilipendiado de la sociedad siempre será llamado “hispano”.

Bienvenidos al Estados Unidos multicultural, circa 2013, donde no se sabe quién es quién.

La confusión se inició sólo unos días después del disparo del 26 de febrero de 2012, cuando Robert Zimmerman padre insistió en que su hijo George no podía ser racista porque, bueno, después de todo, es hispano. Poco después, Robert hijo secundó esa moción, indicando a los reporteros que su hermano se identificaba a sí mismo como “hispano”.

Desde el veredicto, cuando los liberales quieren criticar a Zimmerman, muchos se olvidan de la parte “blanca” y van directamente a la “hispana”.

Desde el comienzo de esta historia, los medios no han sabido qué hacer con Zimmerman, ni dónde colocarlo en el espectro racial y étnico de Estados Unidos.

Los informes mediáticos dicen que Zimmerman está registrado como “hispano” en el catastro electoral, y para mí eso basta. Para mejor o para peor, es uno de los nuestros. Sin embargo, eso no significa que los hispanos lo estén perdonando por el lío que ayudó a crear, jugando a policía e ignorando la advertencia del operador del 911 de no perseguir a Martin.

Según una encuesta del Washington Post-ABC News, los hispanos no aprueban su absolución por un margen de 2-1; y el 60 por ciento de los hispanos dice que los no-blancos no reciben igual trato en el sistema de justicia penal.

Quizás ésa sea una razón por la que las organizaciones nacionales que se suponen que defienden a los hispanos no hayan mostrado, en el último año y medio, ningún interés en defender a Zimmerman. Un motivo más probable es que los grupos como el Consejo Nacional de La Raza tienen una fuerte relación con sus homólogos afroamericanos y quieren que eso siga igual.

Aún así, es vergonzoso que estas organizaciones ni siquiera junten la valentía para condenar lo que parece una erupción de delitos de odio anti-hispanos, en ciudades como Baltimore y Houston, después del veredicto. Además de recaudar dinero, y organizar conferencias, ¿para que están estos grupos?

Puesto que la narrativa mediática dominante en la saga Trayvon Martin-George Zimmerman se ha pintado en gran parte en blanco y negro, y la mayoría de los comentaristas que fueron invitados a la televisión de cable durante el juicio eran negros o blancos, podría haberse pensado que sería difícil que los hispanos encontraran un punto de entrada en esta historia.

Pero no tuvimos esa suerte. La mayor minoría del país no podría haber evitado esta difícil conversación nacional aunque lo hubiera querido. Y ahora, lamentablemente, estamos en medio de ella.

© 2013, The Washington Post Writers Group