Francisco, así de simple

Papeles

Este papa gaucho de la impresión de que fuera un compañero de ascensor, el señor del quinto piso, el que calienta banca en el parque como cualquier pensionado; que monta en metro o en papamóvil de pedal, como el usado en Brasil. Parece rescatado de la basura.

Francisco le quitó misterio al oficio de papa. Lo hace sentir a uno pontífice. Francisco, y perdón por la confianza, podría ser nuestro vecino en cualquier escenario donde se juega fútbol.

De pronto nos lo podríamos encontrar en la biblioteca pública leyendo periódicos y revistas gratis, o echándole los perros imaginarios a alguna mina (mujer). (Los papas no pecan ni con las ganas, pero a Francisco se lo perdonaría). Y hasta llora lágrimas de carne y hueso. Llora viendo pasar el tren. O un pobre.

Estábamos acostumbrados a papas inspirados por el Espíritu Santo. Francisco parece dateado por Enrique Santos Discépolo, digamos.

Como todo argentino, Francisco tiene el beso fácil. Ser argentino es sinónimo de besar. Hasta los hombres se saludan de beso.

Pobrecitos los que venden accesorios pontificios de esos tan costosos que con el valor de unos zapatos, por ejemplo, se podría construir una urbanización de vivienda popular para pobres, no de espíritu, sino de chequera.

Con la línea que ha marcado, el papa que nos regaló la pampa, los cardenales han tenido que frenar sus lujos. Tienen la vanidad a raya. Están que se pasan a vivir a las cómodas y austeras sandalias del pescador para no desairar al jefe, que ha encantado en Brasil, su primera salida.

A toda hora Francisco parece estrenando puesto. Es tan informal que un joven carioca rompió el protocolo y se dirigió al sucesor de Pedro como “padre Francisco”. Como si fuera el párroco de su barrio.

Iba ir a Rio a conocerlo pero reculé cuando pensé: ¿Y si cuando pase por delante de mí, me da la espalda? Me quedé entonces con el único papa que he tenido a tiro de as: Juan Pablo II. Lo conocí cuando anduvo en Colombia en visita de médico.

A uno le provoca invitar al papa Pacho, perdón, Francisco, a comer un buen bife en casa. Pero no, de pronto acepta y se va toda la mesada pensional y cualquier ingreso adicional.

Me habría gustado ser un papa como él, descomplicado, fresco, relajado, así tenga línea directa con Dios, pero solo estuve cuatro años en el seminario de los agustinos. Fui llamado, no escogido. A veces, Dios da en el clavo. O demuestra que hace lo que le da la gana.

No creo que mis nietos australianos Mateo y Patrick tengan pasta de papas para llenar el vacío que dejó el abuelo. Tampoco Sofía Mo, la nieta de once meses, creo que tenga fibra para ser papisa algún día. Si ni siquiera las féminas pueden ser curas. Veto que podría levantar Francisco.

El Messi o Maradona de Dios camina con el tumbao que tienen los papas sin ínfulas al andar. Es una jaculatoria que sonríe.

No es sino que suelte la rienda y permita el casorio de curas, los anticonceptivos, y considere que meterse un cachito de marihuana no es pecado. La sacaría del estadio como dicen los hinchas de su equipo, San Lorenzo.