Ramón Ayala festejó aniversario en el Gibson

Ramón Ayala ofreció un concierto en el Anfiteatro Gibson de Los Ángeles y festejó así un aniversario de su vida artística y 44 años de matrimonio
Ramón Ayala festejó aniversario en el Gibson
Ramón Ayala tocó por más de dos horas sus éxitos.
Foto: Especial para La Opinión - Leopoldo Peña

Ramón Ayala empezó a tocar el acordeón a los cinco años de edad. Este fin de semana el legendario músico regresó al Sur de California para marcar media centuria de trayectoria artística con más de 100 álbumes y un sinnúmero de éxitos, que con gritos de aprobación y orgullo mexicano y coros de la audiencia retumbaron e hicieron fiesta en el anfiteatro Gibson.

Llegó al escenario acompañado de Los Bravos del Norte, todos vestidos elegantemente norteños, de traje y sombrero negro y de botas. Flanqueado por dos Bravos y otros tres en el fondo, Ayala se paró al frente, con su lustroso acordeón al pecho que lucía los colores verde, blanco y colorado de la bandera de su país, el nombre del artista y también el de su patria. Durante más de dos horas, le sacó a su instrumento esas notas que distinguen su sonido durante un torrencial de éxitos que empezó con la romántica desepechada Bonita finca de adobe.

Torrencial porque sería injusto llamarle simplemente una lluvia al largo número de temas con que este músico, quien no terminó la escuela primaria, logró conquistar el oído y el corazón de México —y de mexicanos, mexicoamericanos y latinos en el exterior—, como estuvo claro en el Gibson la noche del sábado.

Tragos amargos, Chaparra de mi amor, Mi golondrina, Que tal si te compro, Baraja de oro, Que me lleve el diablo, Un puño de tierra, Rinconcito en el cielo y Entiérrenme cantando destacaron en la larga lista del repertorio que arrancaban gritos apasionados de la audiencia desde que se escuchaban las primeras notas del acordeón de Ayala, el bajo sexto de Mario Marichalar la excelente combinación del canto de estos dos vocalistas —Mario en primera voz, Ramón en segunda—. Las románticas hicieron bailar a algunas parejas de cachetito, otras lo hacían al ritmo de cumbias y hasta versiones norteñas de rock.

También hubo lugar para experimentos. Ayala y Los Bravos se hicieron acompañar por primera vez de mariachi. Además rindieron tributo a Cornelio Reyna, el colega con quien Ayala empezara a grabar como parte de Los Relámpagos del Norte. De Reyna, Ayala y compañía interpretaron Me caí de la nube y otros éxitos.

El concierto también tuvo su toque personal. Ayala anunció que celebraba su aniversario matrimonial con su esposa Linda. “Estamos cumpliendo 44 años de casados”, dijo Ayala con una sonrisa. Agregó que en la audiencia se encontraba su esposa acompañada de una veintena de familiares, incluidos hijos y nietos.

El cantante Héctor Domínguez, quien abrió el concierto y a quien Ayala le dio “la patadita” como padrino artístico la misma noche, interpretó para el matrimonio Ayala el clásico Sabor a mí con mariachi.

El público se mostró complacido con el primero de dos conciertos de Ayala en el Gibson, donde actuaría también el sábado.

“Todas sus canciones nos pegan en el corazón”, dice Yolanda Escobar, del Este de Los Ángeles, quien asistió con parientes y amigos al recital. Su prima estaba de acuerdo. “El canta para todo los sentimientos”, dijo Lorena Juárez. “Mi tema favorito es Dos hojas sin rumbo”.

Por su parte, Eric Sánchez, también quedó impresionado. “Fue una chulada”, dijo el norteamericano que vive en el Sur de Los Ángeles, hablando en inglés y español. “It’s a bad ass concert! Un gran concierto”.