El verdadero fraude electoral

Es cierto, en Texas existe un fraude electoral. Pero esta trampa para alterar el resultado de una elección no se comete en la urna, sino que fue diseñado en la legislatura estatal para mantener a los republicanos en el poder.

Para ello se han aprobado leyes de identificación electoral que benefician a un cierto tipo de votantes y perjudican a otro. Por ejemplo, se acepta el permiso para cazar como una identificación para votar y no hace lo mismo con la credencial de estudiante.

La redistribución de distritos electoral aprobada por la legislatura es también otra arma con la que se comete esta estafa a la democracia para reducir el poder de los latinos y afroamericanos. El caso de Dallas Fort Worth es un ejemplo de cómo distribuir a la comunidad en cuatro distritos de mayoría anglo y amontonar a las minorías en pocos distritos. Esto fue hecho de una manera tan descarada que un juez federal determinó que fue “promulgado con una intención discriminatoria”.

Por eso es correcto que el Departamento de Justicia haya decidido la semana pasada recurrir a los tribunales para exigir que Texas deba recibir de nuevo autorización previa para hacer cambios electorales, bajo el nuevo marco legal establecido por la Suprema Corte de Justicia.

El fraude electoral de nuestros días se llama la supresión del voto, siendo cometido por legislaturas como la de Carolina del Norte que impuso restricciones y eliminó numerosas medidas que facilitaban el acceso a las urnas de los votantes.

Una serie de legislaturas estatales de mayoría republicana impulsan estas reformas, con la excusa de evitar un supuesto fraude electoral en las urnas que es insignificante. Si estos legisladores quieren identificar a los autores del verdadero fraude electoral, lo encontrarán en el espejo.