Cambios en la iglesia

Sociedad

Lo dije antes y lo repito ahora, la llegada de José Mario Bergoglio al papado, llena de esperanza a mucho de los creyentes de la fe católica que hemos cuestionado la dirección que se le ha dado a nuestra iglesia en las últimas décadas.

El Papa Francisco es definitivamente una luz en medio de los escándalos en que ha estado envuelta la iglesia católica en su historia reciente. Cuestionamientos de fraude financiero dentro del Vaticano, el encubrimiento de los abusos sexuales cometidos por centenares de sacerdotes, y una jerarquía que se escudaba en dogmas y viejas prácticas para negarse a asumir los retos planteados por la nueva sociedad en la que nos desenvolvemos.

Está documentado que los predecesores del Papa Francisco, Joseph Ratzinger y Karol Wojtyla, estuvieron directamente involucrados en el encubrimiento de probados casos de abuso sexual cometido por Marcial Maciel, director de los Legionarios de Cristo, y amigo personal del Papa Juan Pablo II.

En los Estados Unidos las alegaciones de abuso sexual por parte de sacerdotes han obligado a decenas de diócesis a pagar cientos de millones de dólares en acuerdos extrajudiciales a potenciales víctimas de sacerdotes que ejercieron su función en centenares de parroquias del país.

Pero si bien, los casos de abuso sexual han costado una verdadera fortuna a la iglesia católica, se ha evitado que estos malos servidores religiosos enfrenten a la justicia común y paguen sus culpas.

Pero no todos los casos, aunque si la mayoría, han quedado impunes. El 2 de agosto de 2013, Uriel Ojeda, un sacerdote de 33 años que servía en la parroquia El Sagrado Rosario de Woodland (al momento de ocurrido los hechos) fue condenado a ocho años de prisión por el delito de actos lascivos en contra de una menor.

Según las investigaciones policiales, Ojeda era invitado con frecuencia al domicilio de una familia de su parroquia, y en estas visitas tocó inapropiadamente a la hija de sus anfitriones en repetidas ocasiones. Estos actos lascivos se iniciaron en el 2007 y se cree que duraron hasta el 2009.

En este caso la Diócesis de Sacramento colaboró responsablemente con las autoridades policiales para que Uriel Ojeda fuera investigado, encarcelado, sometido a la justicia ordinaria y finalmente sentenciado. Las alegaciones, que Ojeda jamás negó, se dieron a conocer a finales de 2011, e inmediatamente la Diócesis de Sacramento cumplió con el protocolo investigativo respectivo y puso a Ojeda a disposición de las autoridades civiles. Adicionalmente, se inició en el Vaticano el procedimiento para anular la ordenación de Uriel Ojeda como sacerdote de la iglesia Católica.

Si bien este proceso se inicio con anterioridad al papado de Francisco, se espera que casos como el de Uriel Ojeda se repitan y se vuelvan una constante en el seno de la iglesia Católica bajo el gobierno de José Mario Bergoglio.

Ojalá estos sean los nuevos vientos que soplen para que los casos de abusos sexuales y otros delitos cometidos bajo la cobija de la fe, sean investigados y perseguidos penalmente.