Caro Quintero y Raúl Salinas

El sistema judicial en México no deja de causar sorpresas. La liberación del narcotraficante Rafael Caro Quintero y la exoneración de Raúl Salinas, uno de los símbolos del nepotismo corrupto, es un ejemplo del porque este sistema es considerado uno de los peores del mundo.

En el caso de Caro Quintero la Corte Suprema lo dejó en libertad debido al tecnicismo de haber sido juzgado incorrectamente después de haber cumplido 28 años de una condena. Mientras que a Salinas se lo exoneró de los cargos de enriquecimiento ilícito por lo que le devolvieron una treintena de propiedades por un valor de cercano a los 17 millones de dólares.

Estos dos acontecimientos, junto al recordado caso de la liberación de la prisión de Florence Cassez son ejemplos de un sistema poco creíble ya sea por la corrupción, la incompetencia, o ambas de sus actores.

No hace mucho tiempo, el Proyecto Mundial de Justicia ubicó a México en el sitio 91 de 97 países investigados, en la impartición de la justicia.

Las deficiencias mostradas por el sistema judicial son un gran obstáculo para la credibilidad de México en la lucha contra la delincuencia organizada y la corrupción.

El hecho que estos tres casos, con el de Salinas y Cassez a la cabeza, ocurran en los primeros nueve meses del regreso del PRI al poder es otra confirmación que bajo este tipo de régimen la justicia parece más vulnerable a la presión política.

Es difícil saber que es peor. Si es el mensaje de desconfianza y cinismo que se da a los mexicanos que no pueden contar con una justicia que los proteja, o el que los grandes delincuentes y corruptos anden libres por la calle.