Enseñar con bajas expectativas

Educación

Cuando los futuros educadores reciben capacitación para enseñar a niños de bajos recursos, pertenecientes a minorías o alto riesgo, aprenden a compenetrarse con las vidas de los estudiantes. Se les enseña a reconocer ambientes que carecen de medios, de orden y de estabilidad, y se les indica que deben “encontrarse” con sus estudiantes en el nivel de éstos y no esperar que aprendan con tanta facilidad como los demás niños.

Sin embargo, por más que la pedagogía moderna predica el precepto de que “todos los niños pueden aprender”, hay pocos educadores que lo creen suficientemente como para impulsar a esos estudiantes a su pleno potencial académico.

En lugar de eso, los educadores recurren a políticas equivocadas, por las que son menos exigentes con los estudiantes que no rinden tanto, perpetuando así la peor falta de respeto —el de las expectativas menores— hacia categorías enteras de niños que se considera menos capaces.

Falta de respeto, menosprecio y abandono es lo que uno puede imaginar que sintieron muchos estudiantes de Florida y sus padres con los estándares nuevos. El Southern Poverty Law Center presentó una demanda de derechos civiles contra el plan estratégico de la junta de educación del estado, que establece objetivos menos ambiciosos para estudiantes negros e hispanos que para los blancos y asiáticos.

Aprobado el otoño pasado, la intención del plan es reducir el rendimiento por debajo de nivel de grado, categorizando a los estudiantes de Jardín de Infantes a 12° grado en subgrupos, con objetivos ajustados a cada grupo. El plan se desbarranca cuando espera menos de ciertos estudiantes sobre la base de la raza.

La Junta de Educación de Florida estableció el objetivo de leer a nivel de grado para 2018, para el 90% de los estudiantes asiáticos, el 88% de los blancos y sólo un 81% de los hispanos y 74% de los estudiantes negros.

En Matemática, se espera que el 92% de los estudiantes asiático-americanos y el 86% de los estudiantes blancos se desempeñen a nivel de grado para 2018, pero se espera que sólo el 74% de los negros y el 80% de los hispanos lo hagan.

No estoy sugiriendo que la Junta de Educación de Florida sea racista, pero parece que se han creído la narrativa de la víctima, que tan a menudo invade las discusiones sobre la pobreza. Ha sido afectada por un fuerte ataque del “síndrome de pobrecito”.

Así es como describe el Dr. Pedro Noguera, autor de The Trouble With Black Boys … and Other Reflections on Race, Equity, and the Future of Public Education, a la gente bien intencionada que no espera mucho de los estudiantes pobres, de minorías o cuya lengua madre no es el inglés.

“Utilizo el término ‘síndrome de pobrecito’ para describir las expectativas menores como una forma de simpatía hacia los estudiantes desfavorecidos,” me dijo Noguera por correo electrónico. “Pero nuestros estudiantes necesitan empatía, no lástima, y necesitan que se los desafíe”.

Aunque podría ser más fácil, no podemos darnos el lujo de eludir la difícil tarea de educar apropiadamente a los estudiantes bajo riesgo de todas las razas, considerándolos perpetuamente de bajo desempeño.

Un estudio reciente Sallie Mae, How America Pays for College, informó que los estudiantes de las familias más ricas tienen más probabilidades de recibir becas mayores que los de las familias de bajos ingresos. Al mismo tiempo, las universidades públicas y privadas están crecientemente basando su asistencia en el mérito —en lugar de la necesidad— según un informe de mayo de la New America Foundation.

Tomadas conjuntamente, estas tendencias tienen el potencial de impedir que las minorías, que salen de la escuela secundaria mal preparadas, compitan para el ingreso universitario con estudiantes en buena posición económica, rigurosamente educados. Eso significa menos oportunidades aún para obtener un título en un mercado profesional que cada vez más descarta a trabajadores que sólo cuentan con un diploma de la secundaria.

Por más razonable que parezca bajar la vara para los estudiantes que enfrentan muchos obstáculos para el éxito académico, es un enfoque totalmente equivocado.

Florida ha “adoptado un política similar a establecer diferentes estándares de aptitud para diferentes subgrupos”, dijo Noguera. “Eso envía, en efecto, el mensaje de que los niños de color nunca podrán alcanzar el nivel de los estudiantes blancos y la brecha de logros nunca se cerrará. Un enfoque tal institucionaliza las desigualdades en los logros en lugar de mejorarlas.”

Muchas escuelas chárter, programas atléticos e incluso programas de ajedrez de alta intensidad que operan en las comunidades más pobres de Estados Unidos han demostrado, una y otra vez, que los estudiantes que se ven exigidos por maestros talentosos y apasionados, pueden sobresalir más allá de las máximas expectativas que se tiene de ellos.

¿Acaso no todos los estudiantes merecen ese mismo optimismo sobre su potencial?