Muchos gustan del cine en auto en Ciudad de Industry

El cine en el auto, popular en la década de los 60's, es una cultura que se resiste a morir en City of Industry
Muchos gustan del cine en auto en Ciudad de Industry
Aficionados al cine se instalan ante una de las pantallas del autocine en Ciudad of Industry.
Foto: Especial para La Opinión - Leopoldo Peña

Para algunos es revivir el pasado. Para la mayoría, la experiencia de gozar lo que no les tocó vivir en su apogeo: ver cine desde el coche. Bajo las estrellas.

“Aquí he venido desde que llegué a este país, en el 60”, dice el mexicano Carmelo González, residente de Downey. “No vengo muy seguido, pero a penas llego me acuerdo de los buenos tiempos, cuando andaba noviando [sic]”.

Vineland drive-in theater en City of Industry es ese paseo por la nostalgia. El único rastro que queda de lo que, en la década de los 50’s y 60’s, formó parte de la imagen de Estados Unidos. La cultura del “drive in”, esa que ahora una gran mayoría solo puede recordar en películas como Grease, o Vaselina, como la titularon en español.

Este autocine es único. El año pasado se anunció la apertura del Devil’s Nigth Drive In, en Downtown Los Ángeles, en la calle cuarta, pero además de que ya no está y sus creadores están buscando un nuevo local, solo se proyectaban películas los viernes y eran cintas clásicas.

Un concepto retro y prácticamente desaparecido en el país, pero no en California, ni en el condado de Los Ángeles. Aunque alejado un poco de Hollywood, la meca de las grandes producciones, Vineland drive-in es el único cine en auto que ha sobrevivido a todas las modernidades con las que cuentan ahora las salas de proyecciones.

Aquí continúa lo austero. No hay la opción de ver las cintas en 3D, de hecho hasta hace un mes las cintas se proyectaban de manera análoga. De película de 35 mm, ahora ha sido reemplazado por un sistema digital que fue estrenado con la proyección de la reciente película de Superman, Man of Steel.

Vineland drive-in es administrado por Pacific Theatres, una compañía fundada hace 60 años, que ha logrado mantener esta clásica manera de ver cine, inventada en 1933, en New Jersey, por Richard Hollingshead y con el mismo éxito que en ese entonces.

En este autocine, que de día es un popular swap meet, logran entrar 1,500 autos. Los asistentes tienen, todos los días, una cartelera con cuatro de las películas más recientes. Incluso los viernes se proyectan algunos de los estrenos y ese día, así como sábado y domingo, tiene la opción de ver dos largometrajes por el precio de uno.

Apenas comienza a oscurecer, el tráfico se vuelve imposible en la avenida Vineland. Todos los autos que circulan por ahí, casi en su totalidad van al cine. Pero la espera es fluida y se logra llegar sin tanta demora a las casetas de cobro, que son varias.

Los vehículos son estacionados sobre las rampas, perfectamente estructuradas, para tener mejor visibilidad, y el sonido se recibe a través de una frecuencia radial de FM.

Los autocines son la solución para muchos padres. Primero porque el parloteo de los chamacos no molesta a nadie y, segundo, porque resulta mucho más económico esta forma de ver cine. La entrada tiene un costo de 9.00 dólares para edades de 6 años en adelante. Los menores de 5 años entran gratis.

Muchos llevan su comida aunque también esta la opción de acudir a la tiendita del cine, donde ofrecen lo típico: palomitas, refrescos, dulces, nachos y el costo también es menor a las salas convencionales.

Durante el verano, muchas las familias disfrutan de las proyecciones fuera del auto. Hay quienes hacen una especie de pic nic. Llevan sillas, cobijas para sentar a los niños y pequeñas mesitas.

Hay quienes llegan desde temprano y se van hasta la media noche, para aprovechar de las dos proyecciones.

“Es la única manera en que puedo aprovechar para venir al cine”, dice Josefina Moreno, residente de Baldwin Park, madre de cuatro. “Con mis hijos me resulta imposible ir a un cine normal porque son muy inquietos, hacen ruido y además es muy costoso. Tendría que gastar casi cien dólares”.

Pedro Jiménez, radicado en City Industry, relata que este autocine no solo le permite traer a sus hijos, sino convivir con más miembros de su familia y conocer a otras personas.

“Los niños pueden tener más libertad, pero nosotros también, vengo con mis hermanos y los sobrinos, y nadie se molesta si se paran o se hablan fuerte”, comenta Jiménez.

De manera simultánea, las cuatro pantallas del Vineland Drive-in proyectan a la misma hora, en diferentes frecuencias radiales para escucharlas, pero si la película por la que pagó no le gusta, puede manejar para estacionarse frente otra.

El autocine se localiza en el 443 N Vineland Ave., City of Industry