‘The World’s End’ resulta mitad bien, mitad intrascendente

'The World's End' combina un par de géneros con resultados ambivalentes
‘The World’s End’ resulta mitad bien, mitad intrascendente
Cinco amigos se reúnen para ir de copas... con resultados apocalípticos en 'The World's End'.
Foto: Focus Features

No sé muy bien qué es lo que intentaron los responsables de The World’s End con la suma de géneros en esta nueva producción, la tercera —y en teoría, última— de su serie iniciada por la excelente Shaun of the Dead (que retrataba una invasión de muertos vivientes) y seguida por la mediocre Hot Fuzz (que trataba de mofarse, al tiempo que homenajeaba, de los filmes de acción).

Sí, el director Edgar Wright y el actor y co-guionista Simon Pegg siempre se han caracterizado por combinar comedia con algún otro género al que, eso está claro, respetan y admiran.

Pero, salvo en el caso de Shaun of the Dead, la falta de una visión única, de un saber encarrilar la historia como un todo y llevarla a un acto final convincente, sigue siendo su particular talón de Aquiles.

The World’s End da inicio como una cinta “coming of (middle) age”, es decir, un filme centrado en un puñado de hombres de mediana edad, algunos de ellos con sus vidas aparentemente bien encauzadas, y otros aún sin haber hecho nada de ellas.

Ese Stand by Me cómico y adulto que se centra en Gary King (Simon Pegg), no lleva a sus personajes a la búsqueda de un hombre muerto, como sucedía en ese filme inspirado en el relato de otro King, Stephen, sino a cumplir una misión que nunca llevaron a cabo en sus años de juventud: recorrer una milla de pubs en la pequeña población inglesa de Newton Haven, donde todos estudiaron. Y, por supuesto, beberse una cerveza en cada uno de ellos.

Tras convencer al resto de colegas —Andy (Nick Frost), Oliver (Martin Freeman), Steven (Paddy Considine) y Peter (Eddie Marsan), todos con vidas mucho más asentadas que la de Gary—, el grupo termina en Newton Haven, donde recuerdan anécdotas de sus tiempos allá (principios de los 90, de ahí la presencia de música como la de Sisters of Mercy) y se topan con novias de la época, como Sam (Rosamund Pike), la hermana de Oliver.

Pero, de repente, las cosas empiezan a ponerse… extrañas. Los habitantes del pueblo parecen seres surgidos de clásicos del cine fantástico como Invasion of the Body Snatchers o Village of the Damned. Y hay un motivo para ello…

Mientras The World’s End se centra en la relación entre los cinco amigos, reunidos más de 20 años después, existe un aura de añoranza que beneficia al conjunto, asentado en extraordinarias actuaciones de todo su plantel.

Tan pronto como el giro hacia el fantástico se produce —con la siempre bien recibida participación de Pierce Brosnan, otro exBond que se une a la trilogía tras Timothy Dalton en Hot Fuzz—, el largometraje se resiente de demasiados argumentos a seguir, demasiadas historias que justificar.

Wright, realizador también de la muy simpática Scott Pilgrim vs. the World, sabe mantener el ritmo a pesar del guión enrevesado, y coreografía la acción con notable claridad, pero fuerza una ralentización de su resolución: el tercer acto insiste una y otra vez en peleas en bares, en persecuciones por las calles y en cerrar cada uno de los episodios abiertos durante la hora previa… con diálogos interminables.

Sólo es gracias a Pegg, Freeman, Frost, Marsan y Considine, que uno surge de este apocalipsis con una media sonrisa en los labios.