La protesta de los maestros

Burbujas

Estoy entre triste, preocupado, alarmado y disgustado por el caos creado en México por el vandalismo de grupos de maestros (¿?), (que no merecen ese título) y la falta de una enérgica respuesta del gobierno federal y del de la ciudad de México ante lo que es una agresión a los habitantes de lo que parece una población sitiada…

Todo nace de un proyecto de reforma educativa que pretende establecer que los profesores sean examinados para determinar si están capacitados para enseñar y esa propuesta ha hecho que miles de maestros de la “coordinadora” cierren las escuelas, bloqueen carreteras y, en días pasados, extendieran su violencia a la ciudad de México.

En la vuelta del PRI al gobierno nos encontramos que sus dirigentes no pueden dejar al margen sus intereses personales ante los problemas que se les presentan. Es precisamente esta forma de proceder la que provoco la caída del PRI del poder.

Yo quisiera que el presidente se dedicara a gobernar, que deje de viajar tanto y que no se deje amedrentar, como parece que lo está, por los vándalos que están creando el caos en el país, especialmente en la ciudad de México.

Gobernar tiene sus riesgos políticos. Pero no usar el poder es perderlo; usarlo para enriquecerse, como ha sido el caso de muchos priistas, antes y ahora, es criminal.

Uno de esos riesgos es tener que mantener el orden, y proteger al pueblo y a sus instituciones contra los excesos y violencia de una desbocada minoría.

¡No intervenir y dejar que el país vaya al caos no es gobernar!

Y el querer solo dialogar con quienes violan el orden en el país, sin antes exigir una actitud de paz, no es gobernar.

En el tiempo que le queda al presidente, entre viaje y viaje, hace las mismas juntas multitudinarias de Echeverría, de grupos y sectores, se firman acuerdos y todos pierden el tiempo, pero a él le da oportunidad de hablar en televisión y lucir su guapura…

Ha mandado al Congreso iniciativas, algunas muy buenas y otras preocupantes y ahora los convocó a una sesión extraordinaria con agendas fijas y…

Yo quisiera que los diputados, buenos, malos, inteligentes, o no, que son los representantes de todos los mexicanos que viven en el país, no huyeran de su sede ante maestros violentos, sino que exigieran a la policía o al ejército que les abrieran camino para entrar a la Cámara y ahí los protegieran.

Yo quisiera que los senadores se hubieran quedado en su sede y que la policía hubiera impedido la entrada a los maestros que destruyeron el interior.

Un Congreso combinado de diputados y senadores que huyen a sesionar a un lugar aislado y seguro, no tiene vergüenza.

Y, debería darles pena que para calmar a los maestros hayan eliminado de la orden del día, en forma ilegal, la parte en que se exige a los maestros ser examinados. Este asunto estaba contenido en el proyecto de ley para cuya discusión fueron convocados a sesión extraordinaria.

Que pobreza de espíritu: ¡El miedo no los dejó legislar!

Más tarde el presidente habla y promete que, de aprobarse esa parte de la ley, los que salgan reprobados tendrán un trabajo en la burocracia.

¡Destruir su propia iniciativa por temor político, no es gobernar!

Yo quisiera que el Zócalo fuera desalojado de maestros invasores y desmantelados los puestos y tendederos.

El regidor del Distrito Federal habla de dialogar con gentes que han destruido la armonía en la ciudad.

¡No hacer algo para que desalojen el zócalo, no es gobernar, es buscar cobertura política a costillas de los capitalinos!

Tampoco es gobernar una gran ciudad el permitir el cierre de avenidas que trastornan el tránsito, y menos aún el permitir cortar el acceso al aeropuerto internacional, haciendo que los viajeros tuvieran que caminar cargando o arrastrando sus equipajes.

Y hay gobernadores con los mismos casos de debilidad! ¿Cómo ha permitido el gobernador de Guerrero el bloqueo de la carretera a Acapulco dejando a cientos de viajeros, muchos de ellos con niños, por horas en sus vehículos bajo el sol desértico?

También este gobernante habla de dialogo en tanto deja varados en el camino a sus turistas, de los que vive Acapulco.

¡Eso no es gobernar!

Para justificar su inacción las autoridades (¿?) dicen que “esos” tienen el derecho a “manifestarse”. Cosa cierta, pero no en esa forma, ni dejando a los niños por meses sin escuela.

Y como la ciudadanía está disgustada, su molestia equivale a una manifestación general en contra de la violencia, el desorden y la debilidad de sus autoridades.

¿Y cómo va a terminar todo esto?

Por miedo las autoridades van a aceptar todo lo que los maestros exigen y dejan claro que quien tenga un problema en el futuro puede usar ese tipo de presiones para lograr sus propósitos. Caen en la política del absurdo…

Al tiempo de este desorden violento, se habla de proteger los derechos humanos de esos manifestantes y se dejan al margen a millones en todo un país cuyos derechos son pisoteados por esos a quienes ahora se pretende proteger.

No debería permitirse que miles de escuelas primarias estén cerradas y sus maestros anden en marchas o plantones de protesta.

¿Quién estará financiando esos desordenes? Dele una pensadita…