El seleccionador francés al borde del precipicio

El seleccionador francés, Didier Deschamps, ha situado a Francia al borde del precipicio, sin un juego reconocible, con unos resultados nefastos y con un divorcio total con la grada.

París, 7 sep (EFE).- El seleccionador francés, Didier Deschamps, ha situado a Francia al borde del precipicio, sin un juego reconocible, con unos resultados nefastos y con un divorcio total con la grada.

El empate logrado en Tiflis contra la modesta Georgia, Francia renuncia prácticamente a todas las opciones de clasificación directa para el Mundial e incluso se complica la opción de ser una de las mejores segundas, lo que le abre la puerta de la repesca.

Los “bleus” de Deschamps están al borde de no acudir al Mundial de Brasil, lo que sería una catástrofe para un equipo que no había faltado a ninguna de las últimas grandes citas y que cuenta en sus filas con jugadores de la calidad de Frank Ribéry, recientemente elegido mejor futbolista europeo de la pasada temporada.

En trece partidos al frente de Francia, Deschamps ha sumado cuatro empates, cuatro victorias y cinco derrotas. En su currículum de seleccionador solo figura un triunfo ante una selección grande, el logrado contra Italia en un amistoso en noviembre de 2012.

Eran pocas semanas después de que Francia arrancara del Vicente Calderón un empate a España que hizo al país soñar con la posibilidad de superar a la campeona del mundo en la carrera por el primer puesto. Fueron tiempos felices pero ya muy lejanos.

Desde entonces, el crédito de Francia no ha hecho más que devaluarse, un descenso a los infiernos que se ha afianzado en los últimos meses.

Cinco partidos sin victoria, una serie de 479 sin marcar y un juego lamentable, han dejado a Francia en una situación desesperada. El encuentro contra Bielorrusia del próximo miércoles aparece como la última oportunidad de dar la vuelta a una situación y, al menos, aferrarse a la segunda plaza para poder ir a Brasil por el camino de la repesca.

Aparece también como la última opción de Deschamps para demostrar que puede salvar al equipo.

Sus números no son buenos y el juego del equipo tampoco invita a albergar esperanzas. Deschamps no parece dar con el equipo adecuado y en 13 partidos ha convocado a 46 jugadores, una cifra muy elevada que demuestra que el seleccionador multiplica los experimentos.

El único puesto donde no acumula los cambios es el de delantero, donde la confianza en Karim Benzema parece inquebrantable, pese a que el jugador del Real Madrid no le ha respondido con goles.

El atacante, que solo se ha perdido dos de los partidos que ha dirigido Deschamps, lleva ya 1.217 minutos sin anotar, una sequía que pesa mucho en el equipo.

El deterioro del equipo es evidente y el seleccionador no parece encontrar las soluciones a la avería. Ni el sistema de juego, ni el retorno de algunos jugadores desterrados, como Nasri o Abidal, parece que vayan a cambiar la tendencia.

La Francia de Deschamps ve ya cerca el precipicio y el futuro no parece muy halagüeño. Si España sigue ganando sus partidos, la mejor perspectiva para Francia es la de la repesca, camino que ya le sirvió para lograr el billete para el Mundial de 2010.

Entonces, las heridas que le produjo la dura fase de clasificación llegaron hasta Sudáfrica, donde Francia protagonizó un ridículo del que todavía no se ha recuperado definitivamente.

Deschamps tiene ante sí la dura tarea de no repetir los errores del pasado, pero no parece que el juego y los resultados le vayan a ayudar. El seleccionador combate contra la historia y contra el propio presente de un equipo que carece de personalidad. Luis Miguel Pascual