La identidad es variada

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La identidad es variada
Foto: Archivo

Latinos

Se ha iniciado un acalorado debate sobre si la Oficina del Censo debe ofrecer a los hispanos la oportunidad de identificarse como una raza separada en el conteo de 2020. Pero pensemos un poco en cuán correctamente se los definirá.

Según un nuevo estudio de la profesora de Duke University, Jen’nan Ghazal Read, los gobernantes deben esforzarse por asegurar que los subgrupos demográficos sean descriptos tan correctamente como los datos lo permitan.

“Aunque es fantástico que a la gente le preocupe cómo se va a identificar a sí misma, lo que me preocupa es la información que pasamos por alto”, me dijo Read, describiendo la investigación que llevó a cabo sobre Muestras de Microdatos para Uso Público (PUMS) del censo de 2000.

En su estudio, que apareció en la publicación Population Research and Policy Review, Read utilizó dos subgrupos diferentes, los mexicanos y los árabes, y obtuvo historias muy diferentes sobre la naturaleza de sus circunstancias, comparadas con la manera habitual en que el censo las describe.

Halló que si el censo amplía su definición habitual para incluir individuos que normalmente no se describen como hispanos ni latinos —pero que, sin embargo, nacieron en México o indicaron tener ascendencia mexicana— en la pregunta sobre el origen hispano “mexicano”, el número de mexicano-americanos que vive legalmente en Estados Unidos aumentaría casi un 10 %.

Esta definición más amplia haría que todo el universo de “mexicanos” fuera más educado, más próspero y tendiera a identificarse más como blancos. Y aunque eso ofendería profundamente a los que les duele que los consideren blancos, las conclusiones de Read me sugieren que la mayor exactitud superaría la política de identidades. Y lo que es más importante, la mayor precisión podría llevar a una imagen general más positiva de los mexicanos.

“Específicamente utilicé dos grupos que representan asuntos candentes en la política estadounidense para demostrar que utilizar un número limitado de datos del censo, distorsiona la forma en que los vemos”, dijo Read. “Las cifras actuales de la población mexicana pronto se convierten en retórica sobre cómo son una carga para la red de seguridad social. Pero si examinamos [cifras que reflejan un método más amplio de clasificación] entonces los mexicanos ya no son una sangría para el sistema de bienestar social.

“Si describimos al grupo mayor de esa forma, ya no debe ser condenado al ostracismo por hacer uso excesivo del sistema médico”.

También funciona en forma inversa: Si el censo es la herramienta más poderosa para asignar los recursos de la sociedad, las definiciones imprecisas de ciertos sectores de la población arriesgan pasar por alto a aquellos que, supuestamente, son prósperos.

Si el censo de 2000 hubiera utilizado una definición más amplia de “árabe-americano” más allá de “ascendencia árabe”, para incluir también nacimiento en un país árabe o hablar árabe en casa, el total se hubiera elevado un 13%, de 1.1 millones a 1.3 millones. Y aquellos agregados, dijo Read, habrían sido menos educados, más pobres y se habrían definido más probablemente como no-blancos y multirraciales.

Persistir en la utilización de definiciones excesivamente estrechas para grupos particulares, Read dice, es reconocer voluntariamente poblaciones en crecimiento que tienen necesidades muy diferentes de las que creemos comprender.

Las rabietas que están experimentando los hispanos mientras se determina las clasificaciones para el censo de 2020 ilustran cuán inmersos en la política de la identidad están los actuales métodos —y cuán incorrectos son para determinar necesidades.

Examinemos este asombroso dato: Un informe de la Oficina del Censo de enero de 2012 —La población amerindia y nativa de Alaska en 2010— expresa que 175,494 mexicanos (mexicanos, mexicano-americanos, chicanos) se auto identificaron como amerindios, convirtiendo a los mexicano-americanos en el cuarto grupo tribal por su tamaño, del país.

¿Quién puede decir cuántos de ellos manejan un Mercedes-Benz pero se sienten espiritualmente “nativos” y cuántos viven en la pobreza de la reservación? De cualquier manera, está claro que necesitamos una manera mejor de determinar y describir quién es quién.

“Absolutamente, la gente escogerá no identificarse como mexicana”, dijo Read, señalando que muchos mexicanos nacidos en Estados Unidos consideran el término “mexicano” como sinónimo de “inmigrante”, y otros de ascendencia mexicana procuran diferenciarse de los nuevos inmigrantes. En ambos casos, rechazan el término “mexicano”, a fin de distanciarse de los estereotipos negativos asociados con los campesinos migrantes nacidos en el exterior.

“Y nadie ‘tiene’ que decir que es ‘mexicano’ si no se identifica de esa manera, pero no queremos ser simplistas”, dijo Read. “Queremos que nos den toda la información posible. Y lo que quiero es que se preste más atención a toda la información disponible y que esté disponible para los gobernantes, no sólo para los investigadores”.

Que comiencen, entonces, las competitivas crisis de identidad.