Latino en limbo laboral por cierre de basurero Puente Hills

Jorge Márquez lleva 11 años trabajando en "la montaña de basura" más grande del país, y el mal olor nunca le ha molestado, afirma el hombre nacido en Ensenada, Baja California
Latino en limbo laboral  por cierre de basurero Puente Hills
Jorge Márquez pronto se quedará sin trabajo tras el cierre de este relleno sanitario.
Foto: Ciro César / La Opinión

Los ojos azules de Jorge Márquez resaltan en su rostro quemado por el sol. Tiene una barba abultada y cuando ríe se asoman los huecos en su dentadura. Por 11 años él ha visto pasar la basura de millones de residentes del Sur de California: trabaja en Puente Hills, el relleno sanitario más grande del país. “Aquí uno hace de todo”, dice Márquez, nacido en Ensenada, Baja California, hace 59 años.

A veces se le ve recogiendo objetos de metal, pero su función principal es controlar el tráfico de vehículos que vienen a tirar desechos de la construcción.

“Se pone de aquel lado”, le dice el “Cachanilla” (el apodo de sus paisanos) al chofer de una camioneta atiborrada de tabla-roca y madera. Después llega un tráiler que descarga un cerro de escombros; más tarde se estaciona un camión rentado que deja bolsas negras, cajas y hasta excremento de perro.

El trabajo que realiza Márquez requiere de un buen estómago. Él asegura que nunca le ha molestado el olor de lo que traen los clientes con los que trata (los de cargas ligeras), ni el que viene del otro lado de la colina, donde cientos de camiones vierten residuos pesados. Allá, la pestilencia se trata de ocultar con tierra y aromatizante, una misión imposible considerando las 10 mil toneladas que reciben al día.

“Eso no me perjudica absolutamente en nada”, afirma este vecino de Hacienda Heights, una de las comunidades que circundan el vertedero. Él asegura que a su vivienda no llega el hedor. “Mucha gente ni sabe lo que se hace aquí porque no les da el olor para nada”, comenta.

Pero trata de llegar a casa lo menos sucio posible. Cada tarde, al salir del trabajo, se cambia de ropa y calzado. En su vivienda, la primera escala es el baño. “Lleva uno muchos gérmenes”, explica.

Márquez se dedicaba a pescar tiburones y reparar motores de lanchas en Ensenada. Quería estudiar astronomía, pero la pobreza sólo lo dejó terminar la primaria. Acá el destino lo puso a trabajar sobre la montaña de basura más grande de Estados Unidos y no se arrepiente. Por ese “sacrificio”, dice, una de sus hijas está a punto de terminar la carrera de administración de empresas.

Todos los días este hombre trata de aligerar la rutina escuchando las noticias de México en un radio de baterías que se coloca a la altura del pecho. Lo prende cuando se aburre por falta de clientes.

En la cima de Puente Hills, desde donde se observa el Valle de San Gabriel y los rascacielos del centro de Los Ángeles, Márquez voltea a su alrededor para explicar cuál es la mejor parte de su empleo. “Aunque suda uno de todos modos uno tiene movimiento, estás libre, porque estar encerrado en una bodega es un poquito tenso”, explica.

La vida, sin embargo, lo sacará de este lugar el 1 de noviembre, cuando las puertas del vertedero cierren para siempre después de 56 años de servicio. Es uno de los muchos que quedarán en el limbo (sólo los empleados del condado serán reubicados; él fue contratado por una agencia) y le preocupa.

“Si no hay algo para mí me voy a dedicar a vender una cosa u otra, porque a la edad que tiene uno ya no es fácil agarrar trabajo”, expresa con cierta tristeza.

Esta mañana, el “Cachanilla” mató el tiempo colectando metal y halló un tesoro. “Mire”, dice mostrando dos monedas de 25 centavos. Otras veces ha encontrado relojes y trozos de cadenas de oro, pero estas monedas tienen algo especial, es uno de los últimos regalos que le dio Puente Hills.