Tienen cáncer pero celebran la vida

Organización ofrece varios servicios y programas gratuitos para pacientes
Tienen cáncer pero celebran la vida
Carmen Ramírez y Belen Harper, ambas sobrevivientes de cáncer se conocieron en el centro Comunidad de Apoyo.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

La primera vez que Carmen Ramírez escuchó el diagnóstico de cáncer no lo podía creer. El médico comenzó a hablar de cirugía, quimioterapia y radiación, pero Ramírez apenas lo escuchaba, pensando, “Mi doctor está loco, ni siquiera tiene todos los exámenes y ya me quiere empezar a cortar”.

Ramírez salió del consultorio convencida de que buscaría una segunda opinión. “Estaba muy enojada y no podía dejar de llorar”, recordó.

Inmediatamente empezó a informarse sobre la enfermedad. Ninguna de sus siete hermanas, ni su madre había tenido cáncer. Los estudios confirmaron que se trataba de un cáncer invasivo y tuvieron que quitarle uno de sus senos. Al poco tiempo, la madre de tres hijos fue despedida de su trabajo y se quedó sin seguro médico. Fue entonces cuando se enteró de un grupo de apoyo para personas con cáncer.

“Primero pensé que a quién le podían importar mis problemas, pero estaba equivocada. Las reuniones de apoyo me ayudaron mucho”, expresó.

El centro Comunidad de Apoyo de Cáncer (Cancer Support Community) es una organización sin fines de lucro para personas con cáncer y sus familiares, que ofrece de manera gratuita reuniones semanales en inglés y en español, clases de ejercicio y nutrición, entre otras.

Ramírez recalcó la importancia de poder hablar con otros sobre la enfermedad.

“La depresión puede agravar cualquier enfermedad, muchos mueren porque no pueden soportar la tristeza”, indicó Ramírez.

Belén Harper conoció a Ramírez en una de las reuniones. Al cumplir los 28 años, la madre de dos niños pequeños, fue diagnosticada con cáncer de sarcoma. “En el centro me dieron la bienvenida, cuando comencé a hablar me puse a llorar, pero me hizo mucho bien”, recordó.

Harper dijo que el centro la ayudó mucho con sus niños. “Mi niña se puso muy rebelde en un momento, pero gracias a las actividades y las reuniones del centro, pudo empezar a hacerme preguntas y empezamos a hablar sobre la enfermedad”, indicó.

Tanto Harper como Ramírez lamentaron que pocos hispanos se acerquen a las reuniones. “En un principio, algunas personas son reacias a hablar sobre su enfermedad, pero en realidad es todo lo contrario. El poder hablar con otros que están en la misma situación ayuda a entender qué es lo que pueden o no controlar”, explicó Tom May, Director de programas para el centro, que abrió sus puertas hace 26 años en Redondo Beach. El centro tiene locales en Pasadena, Santa Mónica y unos 50 afiliados alrededor del mundo.

“Los latinos muchas veces no nos damos el tiempo de cuidarnos, postergamos nuestras cosas para ocuparnos de los hijos y la familia, pero es importante hacerse el tiempo para venir. Las reuniones hacen muy bien y las clases están diseñadas especialmente para pacientes con la enfermedad”, indicó Ramírez.