Viajar en tren es una aventura romántica y elegante

Muchas veces, cuando uno se plantea un viaje, lo último que le viene a la mente es hacerlo... en tren. Pero es una forma relajada de viajar
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Viajar en tren es una aventura romántica y elegante
Tren de Vancouver a Jasper, en Canadá.
Foto: La Opinión - Josep Parera

No es la forma más asequible de viajar. Tampoco es la más rápida. Pero sí es la más relajada y romántica.

Tomar un tren para un desplazamiento largo parece haber perdido el atractivo que tuvo en otras décadas… y hasta quizás en otro siglo.

Pero hoy en día, cuando no podemos distanciarnos de nuestros celulares, de las tabletas portátiles, del Twitter y del Facebook, de las películas en la computadora y demás tecnología que nos aisla de nuestro alrededor, quizás no haya mejor forma de recuperar el puro placer de viajar y dejar que el tiempo pase, sin prisas ni excesos, que tomando el tren.

Por ejemplo, una forma de descubrir el placer del tren es el viaje que ofrece Via Rail Canada, en su recorrido desde Vancouver, en British Columbia, hasta Jasper, en Alberta (20 horas, incluyendo una noche), y de Jasper a Prince Rupert, de nuevo en British Columbia y a escasas millas de Alaska (19 horas, durmiendo una noche en la localidad de Prince George).

Son muchas horas (a veces da la impresión que hasta demasiadas), que permiten, no obstante, opciones que rara vez se dan en cualquier otro medio de transporte: el contacto humano con el resto de viajeros, la reflexión frente a paisajes extraordinarios, y la relajación, olvidando preocupaciones diarias y laborales.

He aquí cuatro motivos por los que el tren bien merece una oportunidad.

Tanto en movimiento (imagen del monte Robson, sólo visible unos 12 días al año) como parado (instantánea de las cataratas), el tren permite observar imágenes inolvidables, paisajes majestuosos, que la nunca excesiva velocidad da ocasión de observar con pausa y siempre, con la cámara fotográfica en mano.

Aunque la oferta culinaria podría ser más variada (y no estaría mal la presencia de un bar abierto durante el viaje), el vagón del restaurante, tanto para el desayuno, la comida o la cena, devuelve al viajero a tiempos de antaño (¿cuándo fue la última vez que comió agradablemente en un avión?). Es una buena ocasión para iniciar conversación con los camareros que también son los encargados de que su viaje, a todas horas, sea placentero.

El Via Rail Canada incluye un vagón panorámico, con su techo transparente, que muestra paisajes en sus 360 grados de esplendor. Es un buen lugar donde tomarse un café o unas pastas (siempre a su alcance… o hasta pedir un vino que, si tiene suerte, es posible que el camarero se lo dé gratis) y entablar conversación con el resto de viajeros. En este viaje en concreto, una abuela llevó a su hijo de 11 años a través de Canadá mientras que una turista de Bélgica seguía con su recorrido por el país vecino a solas, reconociendo que todo era mucho más limpio y seguro que su viaje previo a la India…

Hay instantes donde un paisaje puede llevar a la meditación, a la tranquilidad más absoluta y al más completo de los silencios. No lo evite. Esos minutos meditativos pocas veces se pueden tener en el día a día, lidiando con trabajo, familia y otros temas. Las dos fotografías muestran la llegada del tren a Prince Rupert, justo al anochecer. Disfrútelas.

Para más información: www.viarail.ca