Documental poco inspirador

Documental poco inspirador

Latinos

La Historia, como la belleza, depende del color del cristal con que se mira.

He aquí una entusiasta descripción del próximo documental de PBS titulado Latino Americanos:

“Es la primera serie importante de documentales que destaca las diversas historias y experiencias de los latinos. Esta serie servirá como inspiración para los jóvenes y sus familias, a fin de que aprendan más sobre su singular acervo cultural, historia y contribuciones”.

Vi el film, que saldrá al aire nacionalmente durante tres martes consecutivos, a partir del 17 de septiembre. No salí de él inspirada.

En lugar de una cronología imparcial, encontré algo parecido a diatribas enlatadas de fanáticos izquierdistas, que ven la historia de Estados Unidos y su presente exclusivamente desde el punto de vista de opresores colonialistas, que intentan mantener los Estados Unidos primordialmente blanco ante el ascenso del multiculturalismo.

El film exhibe todo tipo de discriminación, prejuicio e intolerancia hacia los inmigrantes recién llegados de América Latina, con poco contexto sobre los malos tratos a los que Estados Unidos ha sometido a sus propios nativos (la igualdad de oportunidades en Estados Unidos es frecuentemente terrible) y con pocas menciones de las brutalidades corrientes “en el país de origen”.

Sí, hay veintenas de puntos maravillosos y fascinantes de una historia pocas veces analizada; y muchas historias fantásticas de hispanos con vidas llenas de logros. Pero sus victorias parecen enmarcadas casi exclusivamente en la manera en que superaron el prejuicio de los blancos, mientras protegieron su cultura de las fuerzas malvadas de la asimilación.

Temí que los espectadores no-hispanos quedaran llenos de culpa o llegaran a la conclusión de que todos los hispanos se sienten agraviados y, en general, son reacios a incorporarse al crisol de razas estadounidense.

Las interminables maldades catalogadas en este film de seis horas le hacen preguntarse a uno por qué querría nadie venir a una tierra tan horrible, en primer lugar.

Como miembro del escaso grupo de uno de cada cinco personas de ascendencia latinoamericana que, según el Hispanic Trends Project, del Pew Research Center, informa utilizar el término “estadounidense” más a menudo para describir su propia identidad —en lugar de “hispano”. “latino” o de una nacionalidad específica— probablemente fuera de esperarse mi reacción negativa.

Seguro, soy hija de dos inmigrantes de bajos ingresos, que enfrentaron ansiedad y desprecios en su senda para alcanzar el sueño americano. Pero el país en que me crié no odiaba a mis padres ni a mí, no me menospreció ni negó nada por el color de mi piel o mi apellido. Y nunca me hizo sentir otra cosa que 100% estadounidense, así es que les concedo que yo soy la extraña aquí.

Expresé mis inquietudes a los productores de Latino Americanos.

“Trabajamos arduamente para escribir un guión directo, de los hechos, con un alto nivel de imparcialidad y trabajamos muy, muy duro durante semanas en ciertas frases para asegurarnos de que hubiera un equilibrio”, dijo Jeff Bieber, vicepresidente de noticias y de programación de asuntos públicos de PBS. “La Historia es interpretativa y cuando alguien mira una película sus sentimientos no son equivocados, pero debe reconocer el mérito de los segmentos que son triunfantes y positivos”.

Adriana Bosch, la productora del documental nacida en Cuba, me ofreció reflexiones honestas y cuidadosas sobre sus propios conflictos internos para describir la experiencia latina.

Bosch describió los meticulosos esfuerzos de los cineastas para balancear las complejidades y ofrecer una perspectiva histórica correcta. Dijo que, en realidad, temían que su producto final fuera ofensivo por parecer demasiado triunfalista.

“Pero veo a lo que te refieres”, me dijo Bosch. “Quizás las probabilidades estén exageradas. A veces, cuando se hace un documental se dramatiza excesivamente, porque es la naturaleza del medio, quizás uno exagere al adversario. Pero nunca fue intencional”. También señaló que debido a limitaciones de tiempo, el film no muestra muchas historias de latinos exitosos de segunda y tercera generación, lo que podría haber agregado otros matices al foco casi exclusivo del film en la lucha.

“Puedo comprender la incomodidad. Es una historia difícil”, dijo Bosch. “Pero nuestro relato fue creado para incitar el debate, no para restregar por la nariz nada a nadie. Siempre se lo creó para que se viera en el contexto de un Estados Unidos que, en verdad, es acogedor. Un Estados Unidos donde los latinos han encontrado una tierra de oportunidades y han realizado la igualdad, la libertad, la democracia y la aspiración a una vida mejor”.

El martes veré Latino Americanos nuevamente con esas intenciones en mente —y esperando tener una experiencia diferente, dentro del marco de referencia que los creadores del filme nos dicen haber intentado.

Comentarios estherjcepeda@washpost.com. © 2013, The Washington Post Writers Group