Espantan su soledad

Los centros para personas mayores más que un lugar de reunión, una terapia
Espantan su soledad
Rafael Chávez, de 89 años de edad, encuentra en el juego de billar una forma de distraer
Foto: La Opinión - J. Emilio Flores

Rafael Chávez cumplirá 89 años el mes próximo. De joven solía jugar al billar de manera semi profesional. Quince años atrás, descubrió el salón de billar del Centro para personas de la tercera edad de Ontario y desde entonces asiste a este lugar cuatro o cinco días por semana.

“Vengo siempre a jugar con estos ‘chamacos’. No hay cosa mejor que la amistad”, señala este hombre nacido en Ontario, de ascendencia mexicana.

En este centro, Chávez ha encontrado un paliativo a su soledad, esa que viven muchas personas de la tercera edad, la misma que con frecuencia los lleva a estados de depresión.

“Cuando no vengo a jugar, el día se me hace muy largo”, confiesa Chávez. “La soledad hace que las paredes empiecen a cambiar de color, en cambio aquí estoy divirtiéndome, entre amigos”.

El billar más que una distracción es una terapia que les sirve no solo para divertirse, sino también para sentirse parte de un equipo. “En lugar de estar quejándose y llorando, los viejitos como nosotros deberían venir a jugar”, opinó Gabriel Arellano, de Zacatecas de 74 años.

Arellano destaca la importancia de estar en compañía. “A mí me mejoró mucho la vida cuando comencé a venir a aquí. No solo nos hace bien platicar entre nosotros, sino que también uno se siente muy a gusto, cuando juega y gana un partido”, señaló.

Al jubilarse, luego de trabajar 49 años como maquinista, Adolfo Herrera, de 71 años, se encontró con tiempo libre en sus manos y decidió aprender a jugar al billar, pasatiempo que pronto se convirtió en una actividad diaria para él

Ahora Herrera, originario de Yucatán y padre de cinco hijos, es el presidente del club de billar, que cuenta con unos 30 miembros, todos ellos asistentes al centro para personas de edad avanzada.

El club de amigos participa en torneos con otros centros cercanos ubicados en Upland, Chino y Rancho Cucamonga. Los juegos de billar y los torneos son gratuitos y los miembros del club se turnan entre ellos para participar.

Cuando uno de los miembros faltaba por unos días, los otros lo llamaban a la casa, para asegurarse que estaba bien. “Nos extrañamos”, explicó. Dos años atrás, luego de la muerte de uno de ellos, los integrantes del club comenzaron a donar 5 dólares mensuales por persona para entregar a las familias de los miembros en casos de fallecimiento.

“Nuestro compañero José González falleció hace seis meses y pudimos darle mil dólares a la viuda”, contó Herrera. Para el Día del Padre, usaron parte del dinero ahorrado para hacer una fiesta para celebrar su día cantando..

“Ahora estamos peleando, para ver si abren el centro los sábados”, acotó Herrera. “Los centros de alrededor, como Upland, están abiertos los fines de semana. Quizás logremos convencerlos”, concluyó.