Otra matanza evitable

Otra vez una persona con claros antecedentes de problemas mentales compra legalmente un arma para luego ser usada en una masacre indiscriminada.

La matanza ocurrida en instalaciones de la Armada por parte del subcontratista Aaron Alexis es tanto un recordatorio de un sistema laxo de control de armas como de las dificultades del Gobierno para filtrar a la personas que contrata para labores delicadas. La sombra del escándalo causado por las filtraciones por el también Edward Snowden todavía se cierne en este caso ante un nuevo fracaso en la selección de personal adecuado.

Los antecedentes de Alexis de enfermedad mental como el síndrome de estrés postraumatico, sus visitas al médico, como sus arrestos por incidentes con armas de fuego lo debería haber descalificado de una posición en área de seguridad.

Es curioso cómo en estas tragedias los medios obtienen rápidamente los antecedentes de un sospechoso que parecen ser desconocidos o ignorados por quienes le contratan en áreas delicadas.

Estos mismos antecedentes también deberían ser un buen motivo para que una armería no le venda una escopeta a Alexis, pero no es así. Según la ley, el diagnóstico de una enfermedad mental no impide la venta de un arma a menos que haya habido una declaración judicial o un internamiento.

Es evidente que este patrón legal es incapaz de evitar el que un hombre que decía escuchar voces en su cabeza compre un arma en una tienda. La pregunta de siempre es hasta cuándo se permitirá que continue esta amenaza a la seguridad publica. Mientras no se haga nada, habrá que esperar impotentes la próxima masacre.