Migrantes de LA temen fracaso de la reforma migratoria

Inmigrantes residentes en Los Ángeles están angustiados ante la falta de reforma migratoria
Migrantes de LA temen fracaso de la reforma migratoria
María López. Su esposo fue deportado .
Foto: La Opinión - J. Emilio Flores

María López está sola y al cuidado de sus cuatro hijos desde que deportaron a su esposo, hace ya seis años. Carlos Martínez teme que en cualquier momento lo echen del país porque le negaron los beneficios migratorios de la Ley NACARA. Y Pamela García no sabe ni cómo hacerle para obtener la Acción Diferida por temor a tanto fraude migratorio.

Las historias de María, Carlos y Pamela reflejan la angustia, desesperación e incertidumbre que millones de indocumentados experimentan ante la falta de una reforma migratoria.

Sus vidas son el rostro de la crisis del sistema de inmigración por la que atraviesa el país, por eso esta semana expusieron sus casos ante expertos en inmigración de diferentes organizaciones comunitarias durante un taller educativo que se llevó a cabo en la secundaria John H. Liechty.

El evento, que atrajó alrededor de 100 residentes, estuvo organizado por el Consejo Vecinal de Westlake, tenía como objetivo primordial el educar a la comunidad, de acuerdo a Nelson Castillo, quien es el presidente del consejo y abogado de inmigración.

“Uno de los problemas es que los inmigrantes no saben que tienen beneficios disponibles o que no deberían hacer ciertas cosas porque les traerá más dificultades”, dijo Castillo.

“Debemos también advertirles de no ir a lugares equivocados a buscar asesoría legal incorrecta, como los notarios, los “llenapapeles” o los consultores de inmigración multiservicios”, agregó.

El esposo de María, Ramón López, originario de Oaxaca, vive en Tijuana desde que lo deportaron en el 2007 por conducir en estado de ebriedad.

“Él trabaja como albañil en Tijuana y de lo poco que gana se mantiene con eso, mientras yo aquí sola me las arreglo trabajando, voy para allá cada mes, porque yo soy ciudadana y quiero arreglarle documentos, pero ocupo un patrocinador porque yo no gano lo suficiente de lo que pide inmigración y él tiene que pedir un perdón”, comentó.

Además, dijo, su presupuesto para mantener a sus cuatro hijos no le alcanza para pagar un abogado.

Por su parte, Carlos tiene 31 años viviendo en Estados Unidos, desde que salió de su natal San Salvador huyendo de la guerra civil, pero no ha podido regularizar su situación migratoria porque en 1991 lo acusaron de violencia doméstica y se le registró como antecedente criminal.

“Necesito hacer una apelación de mi caso, porque me quieren quitar el permiso de trabajo y me han negado NACARA, todo por haberme metido en problemas en el pasado, me acusaron de violencia doméstica, que no fueron ciertas las cosas, pero uno comete errores ya tomado y lo acepté ante la policía”, mencionó.

A sus 51 años de edad, Carlos no sabe lo que haría si lo regresan a El Salvador y el poco dinero que tiene, ya no quiere gastarlo en consultas con abogados porque cada vez que tiene cita en la corte de inmigración, tiene que desembolsar $500 de los verdes.

También por falta de recursos y de información, Pamela García ha permanecido en el limbo a pesar que desde hace un año pudo haberse beneficiado con la Acción Diferida o DACA.

Su forma de hablar, “a lo pocho”, delata que Pamela es más estadounidense que del estado de Hidalgo, México, de donde sus papás la trajeron cuando tenía 3 años de edad, hace ya 26 años.

A pesar de que cuenta con los requisitos para obtener un permiso de trabajo y estancia legal en el país a través de DACA, está cautelosa porque tiene un hijo de dos años nacido en México y no sabe lo que le pasaría en caso de que a ella la rechazaran, ya que ha escuchado de muchos casos que quedan “out”.