Una victoria significativa

Una victoria significativa
Nina Davuluri
Foto: Archivo

Sociedad

¿Qué es un estadounidense? Es aquel ser humano que ama a su país, que pondera el valor de la educación y del trabajo, que considera a la libertad y a los derechos que derivan de ella como valores supremos e inalienables. El estadounidense es un individuo que respeta la ley y se adhiere a las normas que rigen la convivencia en sociedad. El estadounidense es una persona que posee inventiva, espíritu de lucha y que crea de la nada.

Bueno, este es un concepto un poco amplio y un poco ideal, pero en términos generales eso es lo que ha sido un estadounidense a lo largo de la historia y eso es lo que debe ser hoy.

Pero en la siquis de un sector de la sociedad, estos valores no son suficientes. En los Estados Unidos del siglo veintiuno todavía hay un grupo minoritario de ciudadanos que consideran que no se puede ser un verdadero estadounidense si no se es anglosajón, en otras palabras, de tez blanca y ojos claros.

En las redes sociales se desató una verdadera guerra en días pasados por la designación de Nina Davulari como señorita Estados Unidos.

Davulari es una estadounidense de origen indio, nacida en Syracuse, New York, que quiere ser médica al igual que su padre, tíos y abuelos; y quien ganó diversos reconocimientos en la Universidad de Michigan en donde estudia. Además pertenece a la fe hindú.

Revisando el concepto inicial, pareciera ser que Nina Davulari es una estadounidense a todas luces, pero sin embargo hay todavía quienes consideran su designación como señorita Estados Unidos como una aberración.

Comentarios como “una señorita Estados Unidos terrorista”, o “Al Qaeda ganó el concurso”, “una musulmana es nuestra reina”, “olvidamos el 9/11?, ese mujer es árabe” surgieron después de su coronación. Y en cierto modo, estos comentarios me tranquilizan, porque atrás de este mar de odio, se desnuda la realidad de quienes se expresan de esa manera, falta de educación y de cultura general rampante.

Davulari y su herencia cultural no tienen nada que ver con estos desafortunados comentarios, pero nos obliga a preguntarnos, es esto la prueba de que como sociedad no hemos superado los prejuicios raciales, ¿o son simplemente los últimos estertores de un racismo que se niega a morir pero que ya está viviendo sus últimas horas?

Me animo a creer que se trata de lo segundo, porque aunque nos quisiéramos oponer, el cambio demográfico es inminente. En California, un crisol de nacionalidades y culturas, se estima que los inmigrantes seremos la mayoría en el 2014, y recordemos que hacia donde va California va el resto del país. El resultado natural será la razonable aceptación social hacia los miembros de otras nacionalidades como ocurrió en el pasado con los germanos, los irlandeses, los italianos, etcétera. Y por otro lado, cuando miramos hacia las nuevas generaciones, el concepto de la diversidad es tan evidente en la estructura mental de nuestros jóvenes, que ni siquiera entienden una posición opuesta a ésta, simplemente es una idea inexistente.