‘Gravity’ es una lección magistral de cine

'Gravity', de Alfonso Cuarón, es una experiencia vital y cinematográfica arrebatadora
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‘Gravity’ es una lección magistral de cine
Sandra Bullock lleva a cabo un 'tour de force' en 'Gravity', que se estrena hoy.
Foto: Warner Bros.

Muy pocas veces, al salir de un cine, uno deja la sala con la impresión de haber visto una obra maestra.

Ésta es una de esas veces.

Y aquí debería terminar este comentario.

Porque no importa cuántas alabanzas se le hagan a Gravity, cuántas veces se insista en la maestría visual y narrativa de Alfonso Cuarón, cuántas reverencias se lleven a cabo ante la extraordinaria actuación de Sandra Bullock: usted, ahora mismo, ya debería de haber dejado de leer estas líneas y debería estar camino del cine más cercano para ver el filme, a ser posible, en formato Imax y en tres dimensiones.

Gravity —que se estrena hoy y ha sido clasificada PG-13— va mucho más allá de una película: es una experiencia visceral, emotiva, humana.

La historia de la Dra. Ryan Stone (Bullock), que sigue su dramática odisea tras un percance en una estación espacial en la que es asistida por el astronauta Matt Kowalski (un sutil George Clooney, consciente de su labor como secundario de lujo) agarra al espectador desde sus primeros minutos —un plano secuencia que supone un tour de force creativo histórico— y, en ningún instante, lo abandona.

Cuarón —apoyado en la labor de co-guionista por su hijo Jonás— convierte a la audiencia en un personaje más: lo sacude —Gravity es una impecable cinta de acción—, lo emociona —es un drama portentoso—, lo aterroriza —es un filme de terror psicológico—, lo maravilla y conmueve —es una oda a la vida—.

No hay ni un solo elemento en la producción que obligue al empleo de un “pero…”: desde la preciosista fotografía de Emmanuel Lubezki (colaborador habitual de Cuarón), hasta la exquisita partitura de Steven Price (The World’s End), pasando por los realistas efectos visuales (magnificados por el mejor empleo jamás llevado a cabo de las tres dimensiones) o la impecable labor de sonido.

Gravity conduce a la reflexión sobre uno mismo, sus miedos y sueños, sus fracasos y éxitos. Es una experiencia tan religiosa (desde una perspectiva meramente humana) como comunal (no hay excusa para esperar verla en casa).

Es un triunfo de la determinación humana reflejada en una Sandra Bullock que, con una sola mirada, es capaz de conducir al espectador hasta lugares donde sólo situaciones personales son capaces de adentrarse.

De ahí a que, una vez más, Gravity, por derecho propio, ya entra a formar parte de las obras maestras del cine, filmes que nos llevan a mundos nuevos, fascinantes, ensoñadores, estremecedores y conmovedores, para terminar regresando a nuestro pequeño universo y formar parte de nuestras vidas para siempre.