Olvidan cadáveres en morgue del condado de LA

Se teme que muchos de los cuerpos sin reclamar sean de inmigrantes indocumentados

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Olvidan cadáveres en morgue del condado de LA
José J. Hernández, médico forense, inventó un método que permite que las huellas digitales de los cadáveres sean percibidas.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

En este depósito helado termina la violencia, la imprudencia detrás del volante, las enfermedades, el abuso de sustancias, la depresión… Es la tétrica morgue del condado de Los Ángeles que esta mañana, como tantas otras, luce repleta de cadáveres condenados al olvido.

Aquí está un cuerpo robusto de cuya pierna resalta el tatuaje de una suástica, otro ennegrecido porque se descompuso durante tres semanas y uno más consumido hasta los huesos por la voracidad de algún mal. En total, hay 80 hombres y mujeres —o lo que queda de estos— que nadie ha reclamado.

No se sabe cuántos de estos muertos sin identidad eran inmigrantes indocumentados, aunque la Oficina del Médico Forense tiene una hipótesis: que sus familiares —quizás en la misma situación migratoria— evitan buscarlos en este lugar para no tener contacto con las autoridades federales.

“Muchas veces no vienen a preguntar por su nieto, tío, hermano o papá que está desaparecido porque tienen miedo de ser deportados. Pero nosotros no estamos relacionados en lo absoluto con [la Oficina de] Migración”, subraya José Hernández, experto en identificación forense.

Una pregunta cala más que el frío que conserva los cuerpos en la morgue: ¿cuántos de ellos desearon ser sepultados en sus comunidades de origen —en México, El Salvador o Guatemala— sin imaginar que terminarían abandonados dentro de una bolsa de plástico?

En otra instalación del forense de Los Ángeles, uno de los más ocupados del mundo por las 5,700 autopsias que practica cada año, hay 356 incinerados que esperan a los suyos para no ir a parar a la fosa común. Aún en esa condición es posible practicarles pruebas de ADN.

“Nosotros tratamos que estos cuerpos se puedan reclamar y lleguen a su destino final”, dice Hernández, quien inventó un método que inyecta una sustancia en los dedos putrefactos y permite que las huellas digitales sean percibidas. Así descubren quiénes eran. Por años buscó la fórmula —que hoy todos le piden—, pero él dice que de nada sirva si hay personas que teman solicitar a sus difuntos.

“A veces te frustra porque ya tienes el nombre y la familia no viene a reclamarlo. He escuchado que es porque no tienen papeles, pero a nosotros no nos interesa eso”, insiste el químico mexicano.

Su oficina-laboratorio, ubicada en el sótano de uno de los edificios de la dependencia en la Mission road, siempre está ocupada. La semana pasada atendió el caso de los cinco jóvenes calcinados tras el accidente automovilístico en Burbank el sábado 28 de septiembre y el día de la entrevista se esperaba que llegaran las cuatro víctimas del choque de un jet en el aeropuerto de Santa Mónica, ayer fue identificada la última de ellas como Lucas Benjamin, 28, residente de Malibu.

Para identificar a uno de los chicos que murió en el accidente en Burbank fue necesario utilizar una radiografía que le practicó la doctora María Díaz, originaria de Ciudad de México. Este es otro método que sirve para saber más de los fallecidos. “A veces la gente conserva una radiografía de mano, pie, tórax y sirve […] Los trazos no se repiten, son como una huella digital”, explicó Díaz.

Al forense de Los Ángeles llegó hace unos días otro caso complicado: el de Teresa López, de 42 años, y su hija, Margarita, de 12. Ambas murieron quemadas en un taller mecánico en Compton, pero la condición en que terminó la niña (en particular su rostro) no permitía su reconocimiento.

A Hernández se le ocurrió usar maquillaje especial, reconstruirle el labio superior y pintarle la ceja; luego envió una fotografía de la pequeña a los deudos. “Parecía que estaba dormida”, cuenta Hernández. “Gracias a esa foto se pudo identificar”.